Columna

“Pepe” y “Pepes”

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VÍCTOR DIUSABÁ ROJAS
21 JUL 2009 - 12:00 AM

Quizás sin proponérselo y, lo que es más loable, sin una asesoría de esas que ahora permiten que lo blanco se vea negro (y viceversa), el hipopótamo ha pasado de ser esa figura enigmática a medio sumergir de los documentales de National Geographic a un animal tan cercano a nosotros que terminará disputando la lista de mascotas favoritas de nuestros niños. Claro, la historia dirá que ‘Pepe’, acribillado en una jornada de cacería (aclaración: cacería animal), abrió en la sociedad colombiana sorprendentes espacios de solidaridad y sensibilidad, frente a la pésima suerte de este pobre ejemplar, símbolo además de una época en la que el narcotráfico, con todas sus extensiones ilegales capaces de permear todo lo legal, no sólo fue capaz de trastocarnos la cultura sino, vean pues, el hábitat. Los alcances de esa reacción han superado todos los cálculos. Hay quienes han puesto en remojo algo más que la barba del ministro del Medio Ambiente; quienes ordenaron el operativo que puso fin a los días de “Pepe” cargan el Inri de despiadados y cosas mucho peores; las manifestaciones de rechazo que ya se sucedieron y las marchas que están en proceso de organización dejan ver que el tema está lejos de desaparecer del escenario noticioso del país, y quién sabe si también de medios de comunicación de otros países, en los que alcanzó una vitrina nada despreciable. El fenómeno mediático ha sido cosa seria. Hemos aprendido tanto de hipopótamos en estos días que la pantera negra es una pobre desconocida. Bueno, yo creía haber aprendido mucho de “hipos” (porque ya la gente le encontró ese tierno apócope en las camisetas, porque hasta camisetas han salido al mercado), pero en una columna de Luis Guillermo Vélez en www.lasillavacia.com me di cuenta de que no todo lo que se dice es verdad. Y más grave, que casi todo es mentira. Que los hipopótamos no son una especie en vía de extinción (lo que no justifica que le hayan pegado los tiros que le pegaron a “Pepe”). Que si bien la cacería de “hipos” puede considerarse un acto de barbarie, perseguirlos para matarlos, cuando el crecimiento de la especie se hace exponencial, es una tarea que incluso avala la ONU. Mejor dicho, que más allá del dolor por “Pepe”, hay un problema por solucionar. No con consignas y golpes de pecho, sino con una propuesta técnica que frene lo que puede ser un documental de National Geographic, pero un problema de dimensiones “hipopotámicas”’ para comunidades que habitan esas regiones del país. Cómo es la vida. Se acabó el espacio y terminé hablando de hipopótamos, como casi todo el país, y no de una noticia que surgió el mismo día en que se conoció la tragedia de “Pepe” y a la que nosotros, los que hacemos periodismo, no le dimos ni primeras páginas o titulares, en la proporción que sí tuvo el “hipo”. Hablo de un informe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía que reveló que los miembros de las Autodefensas reconocen, hasta ahora, haber asesinado a 20.979 personas en su baño de sangre de los últimos 22 años. Eso para comenzar, porque dentro del capítulo de desaparición forzada dan pistas sobre la suerte de 1.776. Y agréguenle el reclutamiento de 1.020 menores de edad, el secuestro de 648 ciudadanos y la extorsión a 1.493. Un asunto como para no dejar pasar por alto del todo, ¿cierto? * Director Q’Hubo Bogotá.

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