Columna

¿Nueva ola del vallenato o colonización?

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VÍCTOR DIUSABÁ ROJAS
28 DIC 2009 - 12:00 AM

En una entrevista publicada en varios medios, Alejandro Palacio dice que tiene una nueva propuesta musical “a la cual he denominado vallenato futurista”. Y cuando el periodista le pregunta qué es eso, responde: “es el equilibrio entre el vallenato puro con esos tintes de inspiración (sic). Se incorporan sonidos electrónicos y pop de una manera sutil…;” Excusen, debería haber comenzado por decir quién es Alejandro Palacio, pero algo me dice que no hay necesidad. Mejor dicho, si usted no sabe quién es Alejandro Palacio le doy un consejo: en lo que queda de estas fiestas de fin de año, elija un buen libro o váyase a bucear a Providencia. Igual, arme otro plan que no sea ir de rumba, si tampoco está enterado de lo último que pusieron a sonar los ‘Genios del vallenato’, Peter Manjarrés, Silvestre Dangond y Pipe Peláez. Y, de todas maneras, más allá de su decisión de aislarse del mundo, trate, por físico sentido común, de aprenderse al menos los coros (que en realidad representan el noventa por ciento de la letra de las canciones) de ‘Borracha’, ‘Malo’, ‘Te dejé’, ‘Me gusta’, ‘Amigos especiales’ o ‘Tragado de ti’, so pena de que en la próxima fiesta, en el mejor de los casos, lo marginen o, peor, lo echen a la calle. Bien por los nuevos valores de la música, diría uno, en principio. Y muy bien, además, porque han conseguido que nuestra juventud se interese por primera vez, en mucho tiempo, en expresiones autóctonas de nuestro folclor, como ésta del vallenato…; Pero aquí comienzan las desavenencias. Porque ocurre que muchos consideran que bastante trecho hay entre lo que es el vallenato tradicional por definición y este género ‘futurista’ que arrasa en discotecas, paseos de olla, ‘chivas’ y, sobre todo, en emisoras. ¿En qué radican las críticas a este nuevo modelo de parte de quienes en realidad saben de nuestra música? Déjenme citar a Juancho Nieves, un genio que vive en Sahagún, Córdoba, y que ha estudiado como pocos el origen de los antiguos ritmos del norte del país. “Para comenzar, la mayoría de los acordeoneros de hoy han cambiado tanto que ya ni siquiera utilizan los dedos de la mano izquierda en el teclado, ese trabajo se lo hacen otros instrumentos que llegaron cual paracaidistas a formar parte del nuevo vallenato”. A eso, algunos le llamarán evolución. Otros, en cambio, lo califican como deformación. Y si uno va más al fondo, a la incomparable belleza de las letras de antes le ha sucedido una escasez de ingenio que salta a la vista. Por supuesto, con excepciones, bastante contadas. Sin embargo, lo más grave es que la colonización nacional por parte del ‘vallenato futurista’ se está llevando de calle a todo tipo de géneros, en los lugares más disímiles. Villavicencio, no lo duden, puede ser hoy la capital vallenata de Colombia. Eso sí, cabeza a cabeza con Bucaramanga, Tunja o Neiva. O de pronto lo es Cali (que debería sentirse orgullosa de la salsa y de tener el mejor espectáculo de este país y uno de los mejores del mundo: Delirio). Y quién sabe si más bien el epicentro es Barranquilla, donde no se consigue un cumbión ni para un remedio, como cada vez hay menos acordeoneros que no se vean obligados a volverse vallenatos ‘futuristas’ para no renunciar a lo que más les gusta (la música) o si se quiere más directos: para no dejarse morir de hambre. Y una reflexión final: que recuerde, nunca antes una corriente musical había despertado tanto interés al mismo tiempo en todos los medios de comunicación. Sorprendente. (COLPRENSA)

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