Dos científicos acaban de hacer el milagro: juntaron agua y aceite. Los autores, investigadores de la Universidad de Oklahoma, se han alargado en todo tipo de explicaciones de cómo lo hicieron y para qué va servir no sólo la mezcla sino el procedimiento, que podría ser aplicado a otras sustancias no compatibles. Pero todo lo que dicen ellos en la revista Science es tan técnico y especializado que sólo vale apuntar que gracias a esta conquista científica “se eliminarán muchos pasos en el proceso de mejoramiento de combustibles”, asunto nada despreciable en medio de la actual crisis energética. En lo que corresponde al ejercicio periodístico, lo que hallaron los profesores nos hace mucho daño. Señores, sépanlo, acaba de morir uno de los lugares comunes más comunes: “Son como agua y aceite”. Así que a partir de hoy, ya no podremos decir, por ejemplo, que Noemí Sanín y Andrés Felipe Arias son como agua y aceite. Aunque, por el contrario dirán otros, estaba advertido que eran eso: agua y aceite, de los mismos que usan en los laboratorios de Oklahoma. El caso es que el refranero acuñado durante siglos comienza a tambalear y a caer, igual, por efectos del avance de la ciencia o porque todo cambia. Ayer no más alguien dijo que entre bomberos no se pisan la manguera, lo que, evidentemente también dejó de ser cierto hace mucho tiempo. Hay miles de ejemplos en el poder (¿qué tal las relaciones internas en el Polo?), pero sólo péguele una miradita a su entorno profesional. Quizás se le confirmen algunos temores. Y si no es así, felicidades, vive usted en el Paraíso. ¿Y, qué tal aquello de que “más sabe el diablo por viejo que por diablo”? Qué va, los diablos vienen ahora en pañales y con maestría en Harvard. Un muchachito, o un par de muchachitos, de jeans y camiseta hoy saben tanto de negocios multimillonarios que ponen en entredicho la verdadera capacidad de los Santodomingos, Sarmientos y Ardilas para levantar emporios. Bueno, aclarando para beneficio de los últimos que hay unas diferencias enormes de forma y de fondo que ya ustedes conocen. Otra que, como no diría Horacio Serpa, tampoco me suena ya es aquella de que “En país de ciegos, el tuerto es rey” , del que cada vez se echa menos mano, será porque otro refrán lo sacó del mercado: “para lo que hay que ver con un ojo basta”. Y ya ni siquiera eso, basta con el olor de ciertas adjudicaciones anticipadas o cantadas en el amplio espectro electromagnético para llegar a la conclusión de que sólo se necesita del olor, o del hedor. Igual, he visto con alarma, cómo es cada vez más común que al perro lo capen dos veces. Y no porque la víctima venga con carga de repuesto. Lo que sucede es que nos venden el mismo bicho pero con diferente carcasa y, muy ingenuos, la compramos una y otra vez. ¿No es acaso DMG la versión 48 de las mismas pirámides de siempre? ¿No es la próxima Selección Colombia, como lo era la inmediatamente anterior, la mejor de cuántas hemos tenido? ¿No es la niña que irá a Miss Universo, finalista segura, cuando, luego, a duras penas sale una sola vez en la tele gritando su nombre, al lado de un destemplado ¡Miss Colombia!? Podría seguir con “el que no hace los goles los ve hacer”. Quién sabe si eso también fenece y, por fin, en este 2010 mi Santa Fe sale campeón. No sería raro: si ya mezclaron agua y aceite, todo tipo de cosas pueden pasar. Incluso, las mejores. Y eso les quería decir: íFeliz y próspero año! (COLPRENSA)
