Desde el cada vez más frío altiplano bogotano, he seguido con explicable interés el debate que se ha venido dando en Cartagena de Indias, sobre las futuras obras de rehabilitación del Canal del Dique. Posiblemente es el componente de infraestructura de mayor importancia, tanto para la capital de Bolívar, como para poblaciones vecinas y el país. Durante más que años, durante siglos, el Dique, como usualmente los cartageneros hablamos de esta arteria acuática, ha sido cordón umbilical entre la región central del país y gran parte del Caribe. La conexión fluvial con los puertos cartageneros y la significación en el suministro de agua a áreas ribereñas, a más de la trascendencia que reviste la conservación de todo un amplio ecosistema, le confieren a este medio de comunicación entre el Río Magdalena y las bahías de Cartagena y la de Barbacoas, una categoría especial dentro de las obras públicas que requieren las mejores condiciones de mantenimiento y operación. Anuncia ahora Cormagdalena, entidad responsable de llevar a cabo los trabajos de adecuación del Dique, que en las siguientes semanas, y antes de finalizar diciembre, se estudiarán alternativas para asegurar la cabal obtención de los propósitos que se persiguen con las cuantiosas inversiones previstas, que contemplan las distintas facetas técnicas sobre la eventual utilización de esclusas reguladoras del caudal, el acondicionamiento de dársenas y, en general, las instalaciones y herramientas que concilien las preocupaciones atinentes a garantizar la navegabilidad en el Canal, que le pongan coto a los crecientes volúmenes de sedimentación y que le proporcionen sostenibilidad ambiental a las soluciones que finalmente se adopten. Aunque no me queda claro el esquema de contratación que se utilizó para la ejecución de los trabajos de mejoramiento del Canal en sus diferentes aspectos, y que ahora permitirá revisar diseños y alternativas del alcance del contrato, hay que confiar que con la intervención de Cormagdalena y el Ministerio de Transporte, y el apoyo institucional del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos de Norteamérica, se llegue a conclusiones satisfactorias. Es un proceso que requerirá un acompañamiento permanente y eficiente, tanto de las autoridades locales, como de entidades gremiales y dirigentes cívicos. Lo que está en juego amerita una veeduría ciudadana diligente. Creo no incurrir en exageración al afirmar que casi desde cuando tuve uso de razón he venido escuchando sobre los altibajos del Canal del Dique. Se asocian mis recuerdos a las intervenciones a fondo de Eduardo Lemaitre, Antonio Lequerica y Antonio Pretelt Martínez, así como de otros calificados voceros cívicos de la Ciudad Heroica, que debían presionar a los gobiernos nacionales de turno, para que la vía fluvial se mantuviera disponible. Así como los incontables estudios que, a través de los tiempos, se contrataron para identificar las respuestas técnicas a los interrogantes que surgían sobre cómo asegurar la mejor conservación del Canal. Por ello estimo interesante la creación local de una TVA norteamericana, planteada por Antonio Pretelt Emiliani. Se aseguraría la continuidad futura de una obra vital para Cartagena. *Abogado Consultor en Minas e Hidrocarburos. marcan2@etb.net.co
