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Columna

Sincelejo sin puertas, pero…;

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A Sincelejo se le conoce como “La Perla De La Sabana”. Durante algún tiempo también se le llamó “La Capital Cebuística De Colombia”, pero ahora ninguno de estos dos calificativos bien ganados subsiste, a pesar de su sonoridad. Pero ya no es la una ni la otra. Huérfana de un epíteto que refleje su identidad o su cualidad más sobresalientes para el visitante, es necesario buscar ese distintivo que la enaltezca como una ciudad atractiva, ya para el esparcimiento o ya para la inversión que haga de su comercio una actividad llamativa.
Se me ocurre echar mano a un porro del cantante y compositor Jaime Urzola, que la llamó “La Ciudad Sin Puertas”. Mejor remoquete no puede tener porque esta tierra ha sido escenario adecuado para cuanto desarraigado expulsó la violencia por obra de la motosierra, el hambre y la falta de oportunidades de un trabajo digno. Sincelejo, igualmente es un reducto de cachacos que, atraídos por la hospitalidad del sabanero, sintetizan en esta región la Colombia con todas sus culturas, pero quienes más sentaron sus arreos en la ciudad sin puertas fueron los antioqueños, que de visitantes ocasionales tomaron esta tierra como suya para colaborar con su progreso.
Nadie puede decir que Sincelejo le cerró sus puertas porque no las tiene. Tal vez por eso, el fenómeno de la moto como vehículo encontró aquí el escenario más adecuado para que creciera en proporción aritmética con la tolerancia e implícita aceptación de los gobernantes de turno. Sin riesgo a equivocarme, la mancha de motoristas que recorren la ciudad se ha convertido en una realidad que no se compadece con el sincelejano, amigo consuetudinario de la convivencia, la decencia, el respeto y la alegría.
Independientemente de que el mototaxismo es el resultado de una sociedad que incuba la injusticia, por su preocupante índice alto de desempleados, ¿hasta dónde nos llevará el crecimiento desenfrenado de la mancha con su carga de ruido, bióxido de carbono, atropellos verbales, accidentes y luto todos los días en los hogares más pobres de la ciudad? Si la estrepitosa ola de contaminación sigue creciendo, dentro de poco tiempo Sincelejo ya no será la ciudad sin puertas, donde todos entran para quedarse, si no la ciudad de nadie, en donde el sentido de pertenencia ya no exista, quedando sólo en la intención todo esfuerzo que se haga por presentarla como una ciudad amable.
Cómo me moría de envidia cuando “Pacho” Santos, así le dice todo el mundo (¿por qué yo no?), mientras transmitía desde Montería su Noticiero Nacional, describía como un aprendiz de poeta al parque que bordea el río Sinú como una de las zonas más hermosas del mundo, digna de visitarse por la riqueza de su flora y fauna. Sincelejo es una ciudad de arroyos que conservan una vegetación abundante. Ojalá los gobernantes que vienen, porque el actual ya no alcanza, conviertan muchos de esos arroyos en algo parecido al parque ecológico de la avenida Primera de Montería.
Los invito a que miren hacia el barrio Venecia para proteger los árboles, pájaros y reptiles que aún se conservan en el cauce de los arroyos que lo atraviesan y que están casi convertidos en basureros y cloacas de aguas putrefactas, que afectan el entorno conformado por buenos vecinos e impenitentes caminantes, protagonistas de la única tertulia que se mueve.

noctambula2@hotmail.com
 

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