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Columna

Berta y María Batista, entre reyes vallenatos

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Por una generosa motivación, ni aun el piso áspero detuvo la suavidad de sus pies cuando los arrastraba para enseñarnos su especial estilo para bailar la cumbia. Supe que se llama Berta, es la líder de un grupo musical, cuyos integrantes promedian 20 años de edad. Ella es la sonrisa misma, jamás la abandona; por el contrario, cuando la asechan en pos de su exótica belleza, se ofrece sin que le pisen la distancia, la sutil forma de tratar al más avezado y explosivo pretendiente lo ubica en el sitio que le pertenece, sin que se percate de que no debe pasar la raya que facilita conservar el respeto por el otro.
Un pito atravesa’o a manera de flauta, una gaita, dos tambores, pero sobre todo la tambora, se posesionaron sobre nuestros ritmos más representativos para que una mujer sencilla, alegre y feliz se moviera con elegancia y embrujo, dejando ver cuán encantada está cuando el alma del trópico se engancha sobre su humanidad simbolizando un canto a todo pulmón y de fácil factura haciendo más inmortales las melodías de Toño Fernández, pero ante todo, recordándonos que, no sólo de acordeón está alimentado nuestro folclor. También lo está de cuero e`chivo o de carnero, de guacharacas, maracas, gaitas, gritos, lamentos, guapirreos, voces y, desde luego, del talento de nuestros jóvenes artistas que son la garantía para que los cantos que recorren los Montes de María no dejen de tener vigencia en un solo conjunto como “Los Gaiteros De San Jacinto”, sino en tantos grupos de muchachos repletos de entusiasmo porque su RAICES (así se llama la agrupación) no perezcan ante el peso del mercantilismo, ya que en estos jóvenes que exhiben nuestro folclor con orgullo, se mantendrá original y puro descontaminado, enfrentándose decididamente y sin miedo a la anticultura encarnada en el dinero fácil y en el envenenamiento mental por causa de la droga, la corrupción y la violencia.
Nuevamente aparece Berta en otro escenario donde los hermanos Granados, todos reyes vallenatos, silenciaron sus acordeones para verla como volaba cada vez que sus caderas abrazaban la melodía de las gaitas haciendo de la noche una realidad de ensoñación para algunos que, como Héctor Hernández, olvidaron su presente de amores tangibles para ilusionarse con pretensiones separadas por abrazos imposibles, pero agarrados de la imaginación como único recurso de quien aun palpita con el arte y la belleza.
Otra acanelada mujer con apellido cubano y nombre de virgen, María Batista, nos hizo olvidar de su lejano pariente el dictador, para traernos al estelar momento la voz de Celia cruz que hizo de la noche apenas la razón para justificar la espontanea colaboración con que todos nos sumamos a la noble causa por aquellos enfermos con dolencias terminales, asistidos por ese espíritu solidario que encarna una mujer que simplemente llaman Amira Rebeca.
Atrapados entre estas dos mujeres, Berta y María, los reyes vallenatos entregaron sus coronas a las hermosas e insignes sabaneras convirtiendo el espectáculo musical en una sola expresión donde el sentimiento vallenato se fundió con el sabanero para que el mensaje del servicio se concretara en quienes piden nuestra solidaridad.

noctambula2@hotmail.com

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