Después de más de diez años de estar empujando la puerta entramos al TLC con EE.UU, y tal como sucede cuando las personas estrenan vestido las voces de aprobación, de crítica y el silencio de la indiferencia no dejan de manifestarse. La encrucijada afecta no sólo a los trabajadores sino también a los propietarios de empresas industriales, agropecuarias o de servicios. La incertidumbre del porvenir angustia, el futuro de la economía en la primordial generación de trabajo, base del crecimiento económico y de la riqueza, obliga a preguntar: ¿será el TLC el hontanar de la riqueza o de la miseria?
La respuesta la podremos encontrar en la historia del país, ya que según hayan sembrado los que han administrado a Colombia así recogeremos. Estas son las coyunturas propicias para evaluar a los partidos políticos y a los dirigentes públicos y privados que en el tiempo han sido. Averigüemos si, en los 200 años de independencia, estimularon a los colombianos creando un entorno seguro y apropiado para que la economía y el bienestar se incrementaran, si incentivaron al sistema educativo para preparar académicamente y poner en práctica los conocimientos trasmitidos. Qué tanto alentaron la investigación básica y cuánta de ella impulsaron para que la convirtieran en realidades. Hoy con minuciosidad hay que revisar el inventario de las realizaciones para determinar las industrias del país con producción competitiva en el exterior.
Entendemos que nada hacemos en bienes de alta tecnología, pero gobierno y empresarios están obligados a esforzarse para que el país llegue a producir esos bienes, pues son los que mayor valor agregado aportan. Confiamos que en un futuro cercano sea posible exportar bienes de capital, procesos productivos patentados, materias primas intermedias y productos finales, resultado de la investigación colombiana. De esta manera no quedaremos aportando solamente, en el valor final del producto, mano de obra, materias primas primarias, servicios públicos y otros servicios de menor valor.
Conforta suponer, frente al decidido gran reto, que en el largo tiempo transcurrido desde que Colombia solicitó el Acuerdo, los negociadores del país han tenido suficiente lapso para enfatizar en las posiciones que maximizan la posibilidad de ganancia.
Es de advertir, que para esta travesía tendremos que ser rigurosos con la escogencia de los gobernantes en la categoría nacional, departamental y municipal en razón a que estaremos tratando con grandes y sagaces empresarios quienes aprovecharan cualquier error o deficiencia. Harta razón para apartarnos de aquellos partidos incoherentes que establecen una amplia distancia entre lo que dicen y lo que hacen, negando así la verdad de sus programas y promesas electorales, rehuir también de los dirigentes acostumbrados a hablar a los habitantes del mundo ficcional y cuyas ofertas verbales no contienen la voluntad ni la garantía de cumplimiento.
Al entrar al TLC con todas las deficiencias que podamos tener no estamos condenados a la desolación, en razón a que la dialéctica de las naciones se resuelve a favor de una síntesis superior de desarrollo. Por supuesto, es menos mortificante competir entre iguales; no obstante, es mejor marchar a la fuerza para recuperar el tiempo perdido que quedarnos a la orilla del camino viendo pasar la procesión del progreso rumiando, además, nuestras desgracias y miserias.
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