Uno de los empeños del gobernador Gossaín es demostrar un manejo pulcro de los recursos públicos, obligación ineludible de todo gobernante responsable. Hasta ahora, por algunas ejecutorias exitosas, la opinión le reconoce los esfuerzos que ha hecho por cambiarle la cara a una administración llevada a la quiebra por la ristra de insensateces que la diezmaron.
A todos nos satisfizo el anuncio de que Bolívar saldría de la ley 550. Sólo una gestión dinámica y eficaz podía impulsar ese propósito que nos devolverá la autonomía que el país buscó y obtuvo con la elección popular de gobernadores y alcaldes y, de paso, la esperanza de recuperar el derecho a gobernarnos sin el tutelaje del Ministerio de Hacienda y sin las restricciones de la anormalidad fiscal y los déficits de tesorería que nos afectaron.
Pero a un gobernador no le bastan sus buenas intenciones y sus atributos estando la política guiada, como en efecto lo está, por prácticas dañosas y protagonistas malamañosos. Por eso tendrá que obrar el doctor Gossaín con temple y seguro de lo que decide. A los jefes políticos representados en los gabinetes les preocupa más su presente económico que el futuro político de quien presida el gobierno del Departamento.
Son grandes, entonces, los intereses que flotan detrás de la hilera de pagos que vendrá con la salida de la ley 550, y hay estrategias trazadas ya para beberse los zumos de las deudas liberadas, así no lo sospeche el gobernador ni sienta que a su alrededor abunda el merodeo bien orquestado de los rondones de la parroquia.Cualquier hijo de vecino sabe –a muchos les ha tocado el espanto de atravesarlo– cómo se abre y se cierra ese callejón de la muerteen que degeneró el pago de los servicios de particulares y de los derechos de los pensionados.
Ojo de centinela, pues, que entre funcionarios inescrupulosos y desleales, y voluntarios sin poder formal pero con tentáculos en alerta amarilla, podría quedar truncala hoja de ruta de una Administración traicionada por subalternos y palaciegos en armoniosa sintonía. Tendrá que usar su penetración sicológica el doctor Gossaín para calar las intenciones de todo el que le hable de prelación enlos compromisos de Bolívar con sus acreedores, o de pasivos supérstites y en pleito pendiente de entes liquidados.
Ah, y echar mano de catalejos y lupa.Se requieren los dos cristales y las dos distancias,porque con el estilo y las costumbres en vigor los dineros oficiales son el gran excitante de las rémoras del presupuesto y de los geólogosde la minería administrativa, o sea, de los extractoresdel metal más apetecido de la sociedad contemporánea, duchos en el arte decambiarlos peligros del oscuro socavón por los placeres del “lobby” ylos suspensosestimulantes de la presión política.
REJÓN. Imposible negar que la lengua domina, santifica y excomulga. Domina porque sin ella no habría comunicación. Santifica porque con ella se exaltan hazañas y milagros. Y excomulga cuando la apedrean con una deplorable construcción gramatical,un uso torpe de los tiempos verbales,una pésima puntuación y una alergia patológica a las tildes. O cuando le achacan, impúdicamente, acciones dolosas propias de las uñas y no de las palabras.
* Columnista
Carvibusqyahoo.es
