Siempre me intrigó el hecho de que algunas personas llamaran morunos a los pantalones interiores femeninos. Cualquier día cayó en mis manos una lámina en la que aparecían bellas muchachas ataviadas con adornadas faldas, debajo de las cuales se alcanzaba a ver unos pantalones bombachos que terminaban anudados a las piernas. Una de las personas mayores exclamó: ¡qué bellos morunos! Seguidamente me enteré que esos pantalones bombachos llevaban el nombre de morunos por su semejanza con los que usan, o usaban los moros.
Una anciana que se hallaba presente me informó que a finales del siglo XIX las jovencitas usaban faldas cortas y debajo de ellas llevaban los pantalones morunos. Cuando ya eran consideradas como mujeres adultas, les alargaban las faldas hasta los tobillos y el moruno desaparecía. Yo, curioso pregunté: pero, ¿seguramente que el moruno fue remplazado por otra prenda más sencilla? Nada de eso. Me respondió la viejita; con una falda bien larga y pollera por debajo, ¿para qué se necesita pantalón? Algo más, explicaba, con la ausencia del pantalón ciertas necesidades menores se pueden ejecutar con mayor facilidad. Con solo extender la pollera hacia delante y separar un poco las piernas, todo queda arreglado. Los territorios del Orinoco y el Caquetá quedan despejados para cualquier eventual maniobra apresurada.
Cuando, por efectos de la moda, se acortaron las faldas, el pantalón interior se hizo indispensable. Éstos evolucionaron con los vaivenes de las costumbres y su confección se ajustó también a las posibilidades económicas de las usuarias. Las pobres se contentaban con hacerse unos pantalones de tela barata que sujetaban a la cintura por medio de una jareta. Las muy pobres recurrían a la tela que se obtenía de los saquitos de harina. Otras, de mejores recursos, llevaban pantalones confeccionados en fábricas, tejidos de algodón, seda, jersey, y más tarde, en dacrón, nylon y otras fibras sintéticas. El nombre de la íntima prenda fue variando: bombachos, bloomers, pantalones, panties, pantaletas, calzones, etc. Sin embargo, las gentes de ciertos pueblos permanecieron invariables y siempre la denominaron como moruno, sin importarles mucho su forma, moda o calidad. También surgieron algunas combinaciones: pantalones con corpiño incorporado, provistos de una tapa posterior que se sujetaba con botones o broches. Ahora está en boga el uso de la media pantalón, que algunos denominarán como “moruno-media”.
He conocido unos estuches llamados semanarios que contienen seis pantalones para damas y que llevan bordado el nombre del día correspondiente, de lunes a sábado. El domingo por ser día de descanso, deben permanecer sin pantalón.
En resumen, las jovencitas de hace dos siglos usaban pantalones bombachos llamados morunos mientras la falda era corta. Al alargarse la falda, el moruno desaparecía. Esto encierra mucha lógica. Lo que no puedo entender es lo que ocurre actualmente: la falda se acorta y el pantalón (o moruno) ha quedado reducido a unas hilachas denominadas tangas. Mucho me temo que, de seguir las cosas como van, las faldas se acortarán más aún, y la tanga desaparecerá como desapareció el moruno de nuestras bisabuelas. Amanecerá y veremos.
*Asesor Portuario
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