Columna

Que Merlano no renuncie ni lo destituyan

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GUSTAVO MONTES FERNÁNDEZ
11 SEPT 2012 - 12:00 AM

Cuando el incidente del senador sucreño Eduardo Carlos Merlano, quien se negó a practicarse una prueba de alcoholemia en Barranquilla y presuntamente amedrentó con su credencial a unos policías, el país se le vino encima y se dijo al unísono que renuncie Merlano, ¡fuera Merlano! y demás arengas, hasta cierto punto justificadas. Pero días después se enrarece el ambiente político por una situación de extrema gravedad como fue la fracasada reforma a la justicia, donde se puso en vilo al país, y para echarla atrás se habló incluso de violación a la  constitución.
En el tire y afloje de quienes fueron los culpables de semejante adefesio jurídico, que acababa olímpicamente con el orden jurídico colombiano, salió el flamante presidente de la Cámara de Representantes Simón Gaviria  frescamente a decir que no había siquiera leído el texto que firmó y que conmocionó a Colombia por lo absurdo y peligroso jurídicamente.
Una vez Simón Gaviria fue confrontado ante los colombianos de su irresponsabilidad,  casi llorando dijo que había sido un error no haber leído y que pedía perdón al país. ¿Perdón? ¿Y  el riesgo en que nos colocó, quién lo asume? ¿Cómo es que se gana una millonada como congresista y no cumple con sus funciones y no pasa nada? ¿Es que acaso ser hijo del expresidente César Gaviria le da potestad para pasarse con complicidad al país por la faja? ¿Hubiera podido hacer  lo mismo en Estados Unidos, -donde se educó- e igualmente no hubiera sucedido nada? ¿Por qué con unas simples excusas se le echa tierra a tan grave asunto?, ¿Dónde están los entes que deben impartir justicia a los congresistas?; y aun así el señor Simón Gaviria se permite opinar de lo terrenal y lo divino y posar de gran estadista. ¡Por Dios!
El problema de Colombia es que hay tanto escándalo que uno entierra a el otro, y lo peor es como  los sustanciales pasan a la postre desapercibidos sin importar el daño hecho a las nuevas generaciones, que son las más malogradas con semejantes posiciones de ceguera y cero aplicación de la justicia como ocurre en el despropósito de Simón Gaviria, que alimenta los antivalores en este país.
Después de visto esto y seguramente lo que falta por ver, nos asalta la pregunta: el caso del senador Merlano cobró incluso el cargo de un General de la Policía, pero el de Simón Gaviria que, insisto, comprometió la estabilidad del estamento jurídico del país, y eso sí que es grave, ese caso resulta que no trae las más mínimas consecuencias para el honorable representante. ¿Cuál de los dos asuntos es más grave: el de Merlano o el de Simón Gaviria?
Yo no dudo en decir que el de Gaviria. ¿Entonces, por que le aplican todo el peso de la ley a Merlano y no a Gaviria? ¿Acaso porque Merlano es de provincia? Los estratos de la ley. Si es por ello, entonces que Merlano no renuncie ni lo destituyan. Todos en la cama o todos en el suelo. Ahora, si de justicia se habla, que renuncien los dos; de lo contrario si se queda Gaviria, que se quede también Merlano.
Coletilla: El alcalde de Sincelejo Jairo Fernández al parecer será noticia nacional próximamente. 
• Médico y analista político

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