Columna

¿Qué es la paz?

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LUIS EDUARDO PATERNINA AMAYA
12 SEPT 2012 - 12:00 AM

Es un concepto, una metáfora, es un sentimiento, una ilusión, un instrumento para la guerra, un negocio, es una poesía, es la esperanza, es el progreso, es trabajo, educación, salud, es amor, justicia, es diversión, es una canción, es prudencia, sensatez, respeto, es antídoto para el hambre, es inclusión, es alimento espiritual, es una virgen, es un silogismo sin malabares verbales, es la ecuación donde caben todos, es la conquista misma, es la explicación de la vida, es el verde de las plantas, el sabor del agua, la negación de la  hipocresía, es la honestidad, la responsabilidad,  la grandeza y perfección del hombre, es el honor, es el fuero incorruptible, es la sinceridad, la reciprocidad por el bien recibido, es tener una familia, es respirar el aire puro, es recibir la lluvia sin la tempestad de la contaminación, es ser libre. ¿Será una utopía por lo difícil para concretarla convirtiéndola en un conejo difícil de cazar, pero no imposible de saborear, al decir de muchos?
Todo lo que hace feliz al hombre va precedido de sacrificios, disciplina y renuncias. La paz no es la excepción. De ahí los tantos esfuerzos que se han hecho para conseguirla, pero siempre la espantan porque, como la mujer  hermosa, es esquiva, por un gesto o una imprudencia,  se va como el agua entre los dedos, como la nube azotada por el viento, o como el amor herido por la infidelidad.
Para neutralizar la realidad colombiana, abundante en conflictos e injusticias sociales, se acaba de instalar la mesa de conversaciones entre el Gobierno y los sublevados abordando como tema  único  la trajinada y lejana paz. Si el tono que se lleve a esa mesa no es moderado, cerebral, desapasionado y sin echarse vainas, sería mejor no sentarse en torno a ella. Sin desarmar los ánimos y descargar las pistolas que en otros tiempos servían de pisapapel allá en el Caguán, ¿para qué extender el mantel si la contraparte  sigue insinuante, resentida, inamistosa, engañosa, parapetada en el odio, alucinante, vanidosa, pendenciera y teatral?
Si los protagonistas del diálogo entienden que Colombia es una vergüenza porque es el único país del mundo que mantiene y estimula un conflicto fratricida por más de medio siglo donde todo ha valido menos el respeto por el ser humano, entraríamos definitivamente en la órbita de las naciones que empujan por gozar de las oportunidades tecnológicas, científicas, económicas, culturales y de integración  que nos ofrece el mundo moderno.
Es este entonces una oportunidad para demostrar cuanto estamos sintonizados con las corrientes humanistas que recorren el globo y cuan de progresistas e inteligentes somos, que ya tenemos la suficiente madurez para frenar la guerra de los absurdos. Bienvenido el cruce de ideas aparentemente lleno de buenas intenciones que deben ir concretándose en el transitar de un camino tempestuoso y sembrado de minas.
Moderado, puntual y sincero el discurso del Presidente, apenas preciso para iniciar tan azaroso pero necesario trámite. Por el otro lado, la alocución del comandante guerrillero, además de literario, bien facturado su discurso,  pecó el orador por demasiado eufórico, emotivo, pidió un no a la arrogancia, pero su actitud caracterizada por incesantes manoteos, no fue la más mesurada, se le notó lo que a otros pide que no sean.

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