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Relata la Biblia en lo que se llama “La Parábola de los Talentos”, que un hombre rico se fue de viaje y dejó parte de su riqueza a tres hombres para que se la cuidaran, e hicieran con ella lo que mejor conviniera. A su regreso el hombre les pidió cuentas. Y a los dos que la habían utilizado, multiplicándola, los felicitó y los premió, dándoles más. Y al que temerosamente la había guardado no haciendo uso de su talento para multiplicarla, la devolvió intacta. A este lo castigó y le quitó lo que le había dado y lo llamó “siervo malo y perezoso”.
La verdad es que el mundo está en manos de poca gente y según esta parábola son ellos los que mejor han usado su talento para multiplicar su riqueza. Existen de hecho unos pocos hombres que tienen todo el dinero que circula en el planeta. Es más, hay diez personas que tienen la capacidad de poner a tambalear las economías más fuertes del mundo.
Un informe del “Forbes Magazine” indica que sólo 225 personas ganan lo que ganan 2.800 millones de personas anualmente en el mundo. Contrastando de manera casi chocante la enormidad de su riqueza con los bajos ingresos de los habitantes de los países subdesarrollados. De estos pocos hombres existen tres personas que tienen activos que superan el PIB combinado de los 48 países más subdesarrollados. Sólo 15 de ellas tienen activos que superan el PIB total del África Subsahariana. 32 de ellas superan al PIB total del Asia Meridional. Y sólo 84 de estas personas más ricas del mundo superan al PIB de la China.
Con sólo el 4% de la riqueza unida de estas personas más ricas, alcanzaría para sufragar anualmente los gastos en educación básica, salud, alimentación, agua potable y saneamiento básico de la población mundial.
Pero como en “La Parábola de los Talentos”, los que mejor usan su talento son los que mejor calidad de vida tienen y como era de esperarse estos se encuentran en los países industrializados. Contrastando con los países subdesarrollados, donde un alto porcentaje de la población vive en la miseria, donde una gran cantidad de los niños recién nacidos o muy pequeños mueren, donde las enfermedades comunes y corrientes causan estragos, donde la mayoría de las viviendas no tienen agua potable, ni energía eléctrica, donde es un lujo tener un empleo fijo, donde la mayoría no tiene ahorros en el banco, donde es difícil llegar a ser anciano, y donde alrededor de 2.000 millones de personas viven con un dólar diario.
¿Qué se necesita entonces para aprender a usar mejor nuestro talento? ¿Hacer los grandes cambios en la educación y la industrialización, como los hizo Deng Xiaoping en China o Lula Da Silva en Brasil? Quien pregonaba que es mejor redistribuir la riqueza para que la economía crezca y no hacer crecer la economía para luego redistribuir la riqueza.
Sea como fuere, en nuestros talentos está nuestro progreso. Porque como decía el líder chino, “no hay nada malo en ser rico”. O como también decía Antonio Cervantes Kid Pambelé, sin ser tan instruido pero tan sabio como Xiaoping, “es mejor ser rico que ser pobre”.

gabrielrodriguezosorio@hotmail.com

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