Anoche tomé de la biblioteca un libro para leer a mis hijos antes de irse a dormir. Siempre me ha gustado leerles cuentos por las noches para incentivar en ellos la lectura. Me senté al lado de sus camas y al escoger el libro y abrir al azar a ver qué cuento salía encontré la historia de la serpiente y la rana.
La historia se trataba de una bebé serpiente y una bebé rana que un día se encontraron paseando por el campo. La bebé serpiente se quedó viendo a ese extraño ser verde que saltaba y la bebé rana se asombró de ese animal tan extraño que se deslizaba tan elegantemente por el piso. En un momento, curiosas, se acercaron, y la bebé rana preguntó: ¿Quién eres? ¿Qué haces? Y la bebé serpiente contestó: Soy una serpiente y lo que hago es reptar. -Ah ok- contestó la bebé rana. COOL.
Y tú ¿quién eres...qué haces? -Preguntó la bebe serpiente- -Soy una rana y me gusta brincar- contestó la bebe rana.
¿Me enseñas a reptar? -Preguntó la bebé rana- Si tú me enseñas a saltar, dijo la bebé serpiente.
Toda la tarde pasaron jugando y enseñándose cómo saltar y cómo reptar, fue una tarde fantástica. Pero más tarde les dio hambre y decidieron irse a sus respectivas casas.
Al ir a donde su mamá, la rana llegó reptando y su madre preguntó: ¿Qué haces...por qué te mueves así? Conocí a una bebé serpiente muy amable esta tarde y me enseñó a reptar, dijo bebé rana. Pero eso no está bien hija, exclamó mamá rana. No quiero que te le vuelvas a acercar, pues nosotras las ranas nunca hemos tenido buenas relaciones con la familia de las serpientes.
Del otro lado de la pradera se encontraba bebé serpiente, quien llegó a su casa brincando.
Su madre le preguntó: Y tú ¿por qué brincas? Eso no es propio de ti.
Es que conocí a una rana muy chévere y me enseñó a brincar.
¿Te la comiste?, preguntó mamá serpiente- No, contestó bebé serpiente. Ella es mi amiga.
A lo que mamá serpiente dijo: ella no puede ser tu amiga, la próxima vez que la veas te la comes.
Al día siguiente, como las amigas habían quedado el día anterior en verse para seguir jugando, se encontraron en la misma pradera. Pero al verse no se atrevieron a acercarse, pues recordaron lo que sus mamás les dijeron el día anterior.
Por eso sólo se vieron de lejos, pero siempre recordaron el único día en que fueron amigas.
¿Hasta cuándo dejaremos que tantos prejuicios sigan guiando de forma errónea nuestra vida? ¿Alguna vez te has tomado el tiempo de pensar en todo lo que has dejado de hacer por el qué dirán, o la gente que has dejado de conocer porque te sigues por las opiniones de otros que a veces ni conoces?
Hay que escuchar. No pierdes nada escuchando lo que alguien te dice. "El que escucha consejo llega a viejo". Pero tienes que ser tú mismo. Tomar tus propias decisiones y llegar a tus propias conclusiones. Si no, jamás sabrás de lo que te perdiste.
feru2000@yahoo.com
*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.