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Columna

Protestas: Ausencia del Estado

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Las protestas son un acumulado gigantesco de insatisfacciones sociales, producto de la ineficiencia del Estado, por acción, omisión, y extralimitación, cuando éste no garantiza la vigencia de los derechos humanos y la prestación de los servicios a su cargo, agotando la paciencia ciudadana.La sociedad prácticamente está indefensa y solitaria porque para muchas de las personas que están en el Estado, burócratas insensibles, poco o nada les interesa la suerte o el dolor de la comunidad, no obstante que deben estar al servicio de ella.
La Constitución Política de 1991 institucionalizó el derecho a la protesta, reiterando el proceso de construcción de una democracia auténtica en Colombia. Las normas son parte de ese proceso y aunque no basta consagrarlas, para transformar el Estado y la sociedad, ellas son ideales y pueden ser instrumento importante de un proceso  de cambio.
La democracia en Colombia está en marcha, su consagración constitucional no la hace auténtica, ni real, porque todavía no es, como la definió, Abraham Lincoln, “el gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo”, éste considerado soberano, por encima de los poderes constituidos o derivados, dice la retórica de la teoría  jurídica, distante por ahora de la realidad política.
La legitimidad de la protesta pacífica es valor democrático, expresión de la soberanía popular, hecho, derecho reconocido y que debe ser respetado por los regímenes que han adoptado la democracia, como forma del ejercicio del poder público, realizada como es obvio en el marco de la Constitución y la ley.
La ciudadanía puede estar en desacuerdo con las acciones  u omisiones de las autoridades, o de los entes privados, y puede manifestar esta inconformidad mediante el ejercicio del derecho  constitucional a la protesta pacífica.
La realidad indica que la ciudadanía acude a la protesta, cuando sus derechos son desconocidos flagrantemente, cuando le es negada la justicia social por parte del Estado, porque el ciudadano no tiene en muchas de las personas que están en él, sus interlocutores solidarios, si no trámites  o procesos tortuosos, pese a la existencia de un montón de leyes.
La indiferencia e ineficiencia social de las personas que están al frente del Estado, es causa que activa la justa protesta, porque para estos servidores estatales, la ciudadanía no cuenta, menos el ciudadano de a pie, por pobre, por excluido, ese que hace filas interminables, que soporta silenciosamente toda clase de injusticias,  ese  que  sobrevive, no vive, cuya dignidad y derechos, son desconocidos día tras día, sin poder político, ni económico, aunque la metáfora constitucional, señale que el pueblo tiene el poder.
La protesta per se no soluciona los asuntos, pero es llamado de atención, es visibilización del problema, notoriedad que permite que haya respuestas estatales, sin embargo, creemos  que el éxito de los requerimientos desde la protesta social sería efectivo si se convierte en alternativa política organizada.

Abogado y profesor universitario
alcides arrieta77@yahoo.es

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