El centralismo ha sido y es una política imperial. El imperio Romano fue una sus expresiones más concentradas y posteriormente el Español. El saqueo y sometimiento de los territorios conquistados ha sido notorio y todo lo saqueado iba a Roma, Madrid o Londres.
El caso Italiano es especial. Su estructura territorial es una bota cuya punta parece patear a su isla de Sicilia, en el Mediterráneo. Los sicilianos, olvidados y abandonados por el Gobierno central, se dedicaron a sus propias actividades, iniciando una tenebrosa organización: la Cosa Nostra. Se trasladaron a los EEUU y desde allí regaron por el mundo el delito como forma de hacer negocios y política. Es una herencia nefasta del centralismo que Colombia aún padece.
¿Cómo construir un proceso de paz sin combatir al centralismo excluyente y corrupto y al desfalco a la Nación? ¿Qué confianza pueden generar un Gobierno centralista y guerrillas concentradoras de poder en un mando central arbitrario?
El centralismo es característico del absolutismo; la autocracia y concentración de poder en el jefe. Por eso los grandes industriales lo apoyan, como a la reforma tributaria que concentra la riqueza en los más ricos. Para camuflarlo, en la revolución Soviética lo denominaron y denominan aún: “Centralismo democrático”. Si no fuera por el daño hecho, causaría hilaridad.
El centralismo no tiene en cuenta la función social del capital, por ello a Invías poco le importa que los concesionarios de vías contribuyan con arreglarlas, solo que capten dinero y se enriquezcan con el cobro de peajes, así no se pueda casi transitar de Cartagena a Coveñas y ni bolas le paran a las acciones de protesta como la de San Onofre, que ni la gran prensa informa.
Como en Italia, por abandono, posibilita la organización de mafias. El centralismo es parte de las causas que las origina y alimenta. Por ello es un deber moral rescatar lo que quiso el Constituyente de 1991 con la descentralización del país y no debe faltar en una agenda u hoja de ruta hacia la paz.
Se equivocan quienes creen que la paz es el silenciamiento de los fusiles de las FARC. Con ellos pueden dialogar y acordar entregarles igualmente a cambio del desarme lo “conveniente”, pero solo será como un calmante para el dolor de cabeza. Esta enfermedad de Colombia no es como el cáncer de próstata, que puede curarse sacando el tumor, extirpándolo.
Esto hay que asimilarlo más a la desnutrición, que solo se cura alimentando bien desde la niñez y siempre. Eso lo da la participación de las riquezas que la Nación posee, con acceso a mercados, redistribución del ingreso y hacer propietarios a muchos más colombianos pobres. Así se le saca el agua al pez violento.
Somos un país de regiones establecidas hasta por la costumbre, ¿por qué seguir la senda de la centralización asfixiante que regresó con Pastrana, siguió con Uribe y se profundiza con Santos, su Congreso y su mesa de “Unidad Nacional”? La autonomía regional deberá ser parte indispensable de esa ola de la política de paz nacional, que en la cresta de la misma, lleve a este barco a puerto seguro.
*Abogado y Politólogo
jcarrascalp@yahoo.es
*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.