Columna

La liviandad de la cultura

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PANTALEÓN NARVÁEZ ARRIETA
16 NOV 2012 - 12:00 AM

La programación de Unisucre FM Stereo fomenta el entretenimiento pero opaca las tradiciones y la cultura. Lo concluí después de escucharla durante varios días. Prevalece la música que cautivó los gustos en épocas anteriores, como si el objeto fuera competir por atraer oyentes para divertirlos y no para instruirlos. Las ocasiones en que aluden a escritores, músicos, pintores u otros artistas que engrandecieron o engrandecen el patrimonio de la región, o que son referentes en el universo, se emplean menciones que no sobrepasan la anécdota, dejando la sensación de liviandad que caracteriza los reportes de farándula.
No dudo que los directores saben sobre aquellos que se distinguieron o distinguen por la innovación en la temática y en los recursos de estilo que usan para poner sus obras a consideración del público. Tampoco hago reparos porque desconozcan los análisis que hicieron o hacen para ponernos a tono con los desarrollos de la sociedad, las artes y la ciencia de hoy, pero sí advierto que se esfuerzan en evitar profundizar en la temática que difunden, quizás por temer aburrir al oyente, que procura diversión y no instrucción, como si de la sintonía dependiera el éxito de una emisora de su estirpe. 
Lo que ocurre corrobora la teoría que sostiene que la cultura dejó de ser una gracia que ostentaban unos cuantos que se dedicaron a investigar hasta convertirse en eruditos, no solo respecto de la profesión u oficio que ejercían, sino en materias que se relacionaban con el arte, la ciencia y el pensamiento que el hombre desarrolló a lo largo de su existencia, lo que les permitía influir en el acontecer de las comunidades.
Ahora, en cambio, se afirma que la cultura dejó de ser privilegio de elites por facilitarse el acceso al conocimiento y su difusión.
Esta idea, que con lentitud pero con seguridad caló en la sociedad, transformó la perspectiva de educadores, estudiantes e, inclusive, intelectuales para definir la cultura.
Los linderos se extendieron. Hoy dentro de ella cabe toda manifestación que entretenga. Esto explica porqué, en un medio que no requiere de pauta para subsistir, se empeñen sus directores en privilegiar la superficialidad y menospreciar la minuciosidad y ratifica el predominio de empirismo, a pesar de proliferar universidades, en donde parece que se dedican a formar mecánicos y no pensadores, todo porque la creación dejo de ser preocupación y la imitación prioridad. 
Asistimos a la presentación de la distorsión de los valores. Persistir en privilegiar la entretención, sacrificar la instrucción y denigrar del esfuerzo conduce a, además de reconocernos incapaces de generar talentos que desarrollen la destreza del análisis y la crítica, proscribir el hábito de la desconfianza, que se requiere para propiciar las rupturas que originan los saltos de calidad.
Una melodía gana trascendencia si en vez de recordar la fecha en que se grabó, se explicara de dónde y cómo surgió, con lo cual se aclararía su sentido, se exaltaría la virtud de su intérprete y se precisaría el valor que tiene dentro de la historia, no por resaltar héroes, sino por rescatar el universo que contiene. Pero la tendencia es la de alivianar la cultura trasmitiendo diálogos de compadres que nos ahogan en la irrealidad y nos inhiben para juzgar el presente.

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