En este pequeño punto azul llamado Tierra los seres humanos nos olvidamos de la corta existencia que nos ha sido otorgada. Como si tuviésemos la eternidad. Hago este proemio ante tantos comentarios que se fraguan a partir del famoso fallo de la Corte de La Haya en el caso de Colombia y Nicaragua; creo existen ideas a destacar. Se me ocurren muchas; una la escuché en el Canal Capital, donde sin poder recordar quien la expresara, llamó de inmediato mi atención: “estamos en un mundo en el que todos luchan por lo mío, lo tuyo”. Hoy cobra mayor importancia cuánto tenemos, al inexorable punto de definir quiénes somos, como si pudiésemos llevarnos como los Faraones, algunas de nuestras posesiones al más allá. Es una sátira; nadie escoge qué lucirá en su cajón fúnebre.
Puede haber asuntos escabrosos como el de nuestro insigne Presidente de 1900 a 1904, José Manuel Marroquín, a quien le entregaron un país y cual mago, devolvió dos; dejó perder Panamá. Hoy perdimos importantísimos derechos a la luz del renombrado fallo de La Haya sobre el que muy difícilmente y quizás bajo el oprobio del señalamiento de toda la comunidad internacional, no existe nada por hacer.
Pero ¿hemos sido dignos y responsables con todo el territorio que Colombia ofrece? ¿Hemos aprovechado su diversidad en recursos? Ahora nos preocupamos de lo perdido, cuando no hemos sido prolijos con lo que tenemos, en beneficio del interés general. Claro, porque del interés particular somos medalla de oro.
Es menester redefinir estrategias y políticas públicas de manejo de recursos para su mejor aprovechamiento, aunque eso será muy difícil mientras impere “lo tuyo, lo mío”, especialmente en un país donde impera la injusticia y su comadre, la ignorancia.
Si pudiésemos signar al fallo como una manifestación de lo absurdo, considero con inmaculado respeto que nuestra Corte Constitucional definió el tema taurino de igual o peor forma; es casi absurdo. Imagino con temor explicándole a mi hijo que el maltrato animal, al punto de la muerte del mismo es considerado “una manifestación cultural”. Juanse me dirá: Papá, no entiendo, ¿es cultura matar? En ese instante saltarán los amantes de “lo tuyo y lo mío” a decir que sí. Ese sí criminal que a cualquier niño se le hará difícil comprender, mucho más difícil de digerir el fallo de La Haya.
Nos quejamos entonces del fallo, pero recomiendo poner la tilde en la o y verán que cobra sentido. Es preocupante como algunos operadores judiciales y digo algunos pues otros se destacan por un eximio sentido de la justicia, se acercan más al derecho y se alejan de la Justicia, siendo esta última sacrificada. Todos deseamos obtener Justicia.
Preguntemos a los empleados de la Rama Judicial en paro si es justa su remuneración salarial. Preguntemos a los pensionados del ISS hoy Colpensiones y de Cajanal, si los reconocimientos, pagos y liquidaciones que de las pensiones hacen estas entidades, se puede hablar de justicia. Preguntemos si el fallido intento de reforma a la justicia tiene algo de esta.
Nos preocupamos mucho por lo perdido y desatendemos lo importante, aquello que podemos cambiar.
*Director General Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación Universidad San Buenaventura.
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