Desde 1819 heredamos una Colombia robusta que incluía el archipiélago de San Andrés. De allí en adelante perdimos territorio.
Las relaciones internacionales de Colombia y, en especial, los litigios limítrofes han sido manejados por muy pocas familias privilegiadas de Bogotá, que representan ese centralismo que menospreció nuestras fronteras.
En San Andrés hay la sensación de no haber empleado la estrategia adecuada: los raizales no fueron oídos y hoy tenemos que aceptar con vergüenza que perdimos otra área marina importante.
Repasar documentos históricos deja un sabor amargo. Desde que los nicaragüenses se apoderaron de la Isla de los Mangles en 1890, hubo cartas entre Colombia y Nicaragua, sin claridad ni seguridad para defender el territorio nacional.
El sinsabor crece con Olaya Herrera (1930-1934). Dice la correspondencia cómo se deben ceder los derechos sobre la Costa de Mosquito e Islas Mangles a cambio de las islas e islotes del Archipiélago.
También le da “un valor insignificante a las Islas e Islotes inhabitados e inhabitables”. Concluye que Colombia debería negociar solo el derecho a la pesca y por un cañonero para cuidar el mar entre San Andrés y Cartagena.
El sabor amargo sigue –según los entendidos- cuando Estados Unidos interviene en el tratado Manuel Esguerra-Jose Bárcenas. Tres semanas después de ese acuerdo de 1928 hay otro complementario entre Estados Unidos y Colombia representada por Vásquez Carrizosa cediendo el derecho a la pesca cerca de los cayos Quitasueño, Roncador y Serrana. Esos entendidos creen que Estados Unidos estuvo detrás de ambos procesos, como en la separación de Panamá.
Hoy estamos ante una decisión de la Corte Internacional de Justicia CIJ, de la cual Colombia es parte al firmar en 1948 el Pacto de Bogotá. Colombia no sólo aceptó ir al Tribunal sino comparecer ante él.
Ojalá no sea tardía la orden presidencial de ver ‘qué se puede hacer’. Si se hubiera hecho ese acercamiento hace 15 años otro sería el escenario. Además, ¿qué se negociará ahora? ¿Cuotas de pesca? ¿Derechos en explotación petrolífera?
La frontera no es sólo el meridiano 82 sino la cultura, identidad y valor patrimonial, de un pueblo cuyo capital es el mar.
Ante el hecho cumplido hay que estudiar el camino. Los raizales exigen, con un criterio que hay que respetar y apoyar, rechazar el fallo hasta que no haya mecanismos para que los escuchen.
El Consejo Departamental de Planeación del Archipiélago cree que la Cancillería erró la defensa porque se basó en una cédula real de 1803 sin tener en cuenta la posesión raizal de San Andrés desde hace 400 años, cuando les fue entregada por los ingleses.
Hoy buscan que a través de un nuevo Estatuto Raizal se les dé autonomía para el manejo de sus asuntos internacionales, incluso hablan de llegar a ser un Estado Asociado (como el caso de Puerto Rico con Estados Unidos).
Creo que debemos pensar en una modalidad de autonomía con mayor injerencia y autodeterminación en sus propios asuntos.
También es necesario que Colombia desarrolle un plan real para sus mares y océanos, con una política ambiental y de conservación sostenible, de pesca artesanal e industrial, de manejo de los puertos, del turismo y de la explotación de gas y petróleo.
Después del fallo no podemos fallar.