Columna

La Navidad

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PADRE EFRAÍN ALDANA S.J.
23 DIC 2012 - 12:00 AM

La Navidad es el tiempo de las grandes sorpresas y acontece lo que menos esperábamos. Es la réplica constante de lo que sucedió hace más de 2.000 años. A todos desconcertó que un Salvador del Mundo naciera sin poder, ostentación o grandeza: pobre, escondido en una cueva, en el silencio de la noche, desconocido y solo descubierto por pastores. Cada año me sorprende recibir tarjetas y regalos de los que menos pensaba, y a los que más les envío detalles, poco se manifiestan.
Además, es el momento de la solidaridad, el interés por los demás, de demostrar que todo es un don. De allí los regalos, aguinaldos, sorpresas para los amigos. En cada Navidad me veo mucho con los que sufren, olvidados, segregados o estigmatizados. Pero a la vez es el tiempo para vivir de la esperanza del nacimiento de algo nuevo, distinto y mejor. Navidad llegará a nuestros corazones cuando no nos aplastan los pesares, cuando no nos amargan las decepciones, ni nos paralizan las tribulaciones. En Navidad la luz brilla en las tinieblas. Es el tiempo de disfrutar de las comidas, aunque en muchas ocasiones se pase hambre. Es el momento para cantarle a la vida, aunque muchas lágrimas y tristezas nos empapen el alma.
Con la Navidad se destaca el derecho a la vida digna y debemos recordar tantos atentados contra la vida. Es escandaloso que cada segundo se muera un niño de hambre en el mundo. En Colombia, tres al día. En nuestro país hay dos mil niños prostituidos. Medio millón están esclavizados a un trabajo inhumano y mal remunerado. Hasta el año pasado había seis mil en grupos armados. Hoy, a pesar de la entrega de armas en las reinserciones, creemos que ese dato sigue igual. Deben preocupar también los miles de niños en Colombia en las pandillas urbanas.
Navidad es así un grito en la noche para que se defienda la dignidad de la vida ultrajada, y se adopten los medios de rescate de la autoestima de los menores. Que se les defienda su dignidad y se trate de desarrollar sus habilidades, valores y talentos.
Navidad es propicia para recordar que la salvación viene desde abajo. No la esperemos de los encumbrados, de los macroproyectos sin participación, ni compromiso de la población vulnerable, que ha ser la benefactora. Hoy, los foros sociales mundiales declaran “que no estamos solos” y “que otro mundo es posible”. Es el mismo mensaje de Navidad. Fue el camino escogido por Dios para encarnarse: desde abajo, con la solidaridad, no tanto económica sino humana, afectiva, señalando nuevos caminos.
Jesús aparece en la historia en “contracorriente” del modo común de operar sobre la tierra. Ayer como hoy prima la ostentación, el dinero, el consumismo. El niño de Belén aparece desnudo, sin cuna de oro.
La mirada de Navidad está cargada de optimismo. En medio de las privaciones, del rechazo, se manifiesta la luz de lo alto. Por eso brillan las velitas y los bombillos de colores, se cantan villancicos y se celebra la vida. Quiero decir: la vida verdadera, aquella que crece como los arbolitos: en silencio, bañada por la luz y el agua del cielo y la bondad del abono humano. La Navidad es alegría en medio de tinieblas y de cruz.

efraldana@yahoo.com

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