La idea del llamado Tren de Integración del Caribe (TIC), que busca crear un sistema ferroviario para unir a Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, es consecuencia del dinamismo e interrelación existentes entre las tres principales ciudades de la región Caribe.
Desde el punto de vista de conectividad de pasajeros y mercancías, siempre será deseable mejorar el sistema de transporte de la Costa Caribe, incluyendo su extensión a otras poblaciones del interior de la región. Pero, a pesar de los beneficios que aportaría un sistema ferroviario en el aumento y mejoramiento de la conectividad de las principales ciudades de la Costa, la idea requiere una mirada integral en cuanto a su puesta en marcha y sus efectos.
Esto implica que, más allá de los desafíos de su financiación y construcción, se deben considerar cuatro aspectos: el impacto en las dinámicas sociales y poblacionales; su articulación con los sistemas de transporte urbanos e intermunicipales de las tres ciudades; sus efectos sobre el desarrollo urbano, y, sobre todo, el problema de las instituciones requeridas para el funcionamiento del sistema.
El primer reto es la manera en que la red ferroviaria complementará la oferta de transporte intermunicipal y cómo se articulará con las dinámicas propias de las ciudades. Se deben revisar los Planes de Ordenamiento Territorial para que las obras del TIC sigan un modelo de planificación de las ciudades orientado a las necesidades de transporte de sus habitantes. La mayor movilización de pasajeros no debe convertirse en problema adicional, tal como ocurre durante la alta temporada en las zonas turísticas de Cartagena.
Lo mínimo que se debe hacer al diseñar políticas de transporte integrado es considerar los medios de transporte complementarios o sustitutivos del TIC, para evitar la dispersión de esfuerzos y la improvisación que infortunadamente han caracterizado algunos proyectos de infraestructura en la región.
De igual manera, uno de los principales retos del TIC radica en superar los caudillismos locales. Si logramos anteponer los intereses de la región a los intereses de la política parroquial, lograremos una región planificada conjuntamente y venceremos la visión cortoplacista del desarrollo.
Lo anterior exige la especialización de las ciudades con el fin de lograr menores costos de producción y potenciar las ventajas y vocaciones de cada ciudad y departamento. Esto permitirá pasar de la histórica competencia que han mantenido estas urbes en su patrón de desarrollo a un modelo basado en la complementariedad, que además garantice la demanda y sostenibilidad del nuevo sistema basado en trenes al brindar soluciones para las necesidades de movilidad de la región.
Considerando lo anterior y la posición geográfica y cercanía de Barranquilla, Cartagena y Santa Marta, ¿qué sentido tendría contar con tres recintos feriales en ciudades distintas, mantener un puerto cuyo canal de acceso requiere altísimos costos de sostenimiento, dos ciudades compitiendo por ser la capital del comercio internacional del país o un aeropuerto subutilizado?
La manera tradicional de planear nuestras ciudades las convierte en entes que mantienen bajos niveles de coordinación y compiten con otras regiones de manera aislada. El TIC es una oportunidad legítima para empezar a cooperar. Debería ser una verdadera “locomotora” del desarrollo integral de la región.
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