Columna

Colombia unitaria y descentralizada

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MARTÍN ALONSO PINZÓN
31 ENE 2013 - 12:00 AM

En respuesta al proyecto independentista del Presidente de la Generalitat de Cataluña, señor Artur Mas, los socialistas andaluces y los valencianos, cada uno por su parte, han propuesto amplias reformas constitucionales con el fin de convertir el Estado de las autonomías en un Estado Federal. Para algunos constitucionalistas españoles, España, con sus comunidades autónomas, ya es una especie de federación. En realidad, el federalismo tiene varias escuelas o rostros, y en Colombia, los radicales de la segunda mitad del siglo XIX impusieron con la Constitución de 1863 un federalismo que derivó en anarquía institucional y fue abolido por la Reforma Política de Rafael Núñez, y la Carta de 1886,  con el apoyo decisivo de don Miguel Antonio Caro y Carlos Holguín.
La fórmula de Núñez, centralización política y descentralización administrativa, no siempre respetada ni eficazmente aplicada, surgió como freno a aquel federalismo radical y desintegrador. Del convulso proceso histórico del siglo XIX colombiano emergió una especie de escuela conservadora opuesta a todo tipo de federación, a pesar de que el cofundador del partido conservador, don Mariano Ospina Rodríguez solía autodefinirse como “católico, conservador y federalista”.  
La pérdida de setenta y cinco mil kilómetros en el Caribe occidental colombiano a raíz del fallo inejecutable de la CIJ, el histórico abandono en que han sobrevivido varias regiones colombianas, y el centralismo andino han actualizado el debate sobre un federalismo integrador dentro del marco de la República unitaria. El artículo primero de la Constitución vigente define a Colombia como “un Estado social de Derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales”. Dentro de este marco constitucional debemos examinar la forma de hacer más efectivas las autonomías regionales, precisar los distintos niveles de competencia dentro del Estado, otorgar facultades legislativas a las regiones sobre diversas materias, entre otras, las de impuestos y su inversión en las entidades territoriales, convertir el Senado en la Cámara Alta de las regiones.
Si revisamos el mapamundi vemos que las potencias y naciones más estables son federaciones, como Estados Unidos, Canadá, Alemania, Australia, Suiza, Austria, la Federación Rusa y también los de mayor población y extensión, como la India y el Brasil o de tamaño mediano como México. La arquitectura constitucional federal no es la misma y en su diversidad radica la eficacia y adecuación a las características históricas, geográficas, económicas, sociales y culturales de cada nación. El mapa de la división política y territorial de Colombia, con una treintena de departamentos, erigidos en varios casos por motivos electorales, no coincide con la realidad de las seis o siete regiones o comunidades históricas, culturales y económicas del país.
Discutamos, pues, con el fin de evitar, entre otras cosas, que la desafección de la periferia y de los territorios insulares hacia el centralismo andino se derive en mayores dificultades internas. El debate debe tener un eje integrador que gire en torno al proyecto nacional de un desarrollo más equilibrado y descentralizado.

malonsop@prisa.cl

*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.

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