La “Soledad” es el sentimiento más misterioso y profundo de la vida. San Agustín decía: “Nos hiciste señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti”.
Esta experiencia está presente en el desierto, donde nadie deja huella sobre la arena, ni tiene donde reclinar la cabeza o de abrigarse del sol; solo queda una salida: mirar hacia el cielo (otra experiencia parecida es aquella que experimento los domingos, después de celebrar mis Eucaristías).
Encontramos el relato conmovedor de Jesús en la última cena: hay 12 que lo acompañan, 11 al final, y en Getsemaní solo quedan 3, y luego lo dejan solo. El teólogo Karl S.J. Rahner, para hacer comprender la “Soledad”, utiliza 2 conceptos: la Ascesis y la Pasión.
La primera son las renuncias, las soledades, los sufrimientos, amarguras, y como ejemplos tenemos los desvelos de las madres por sus hijos, los sacrificios de los deportistas por alcanzar triunfos, dejar la casa, los amigos, o vivir en tierra extranjera por causa del estudio.
La Pasión es el dolor o sufrimiento que nos llega de improviso sin haberlo solicitado. Por ejemplo: las limitaciones físicas, enfermedades, vejez y hasta la misma muerte.
Las pasiones se pueden soportar en el amor y la fe. En cierta ocasión, en un hospital se veía a un hombre solo, como desamparado. Varios se acercaron a él y se decían le “acompañaremos”. Y le dijeron: “Te vamos a acompañar unos momentos en tu soledad”, pero él les dijo: “Miren ahí en esa silla, cada día me visita un hombre y me acompaña, trayéndome frutas”. Otro ejemplo, el de la Madre Teresa de Calcuta, quien decía: “Cuando recibas un dolor es Jesús que te da un beso”.
Jesús sufre y muere porque siempre trató de hacer el bien, nunca toleró la hipocresía, fue misericordioso, tuvo un rostro compasivo y siempre denunció a los que se hacían defensores camuflados de la “ley”. Fue llevado al patíbulo de la cruz por los servidores del Imperio y por los levitas y los fariseos, porque se proclamaba el “Mesías”, Hijo de Dios.
Así fue como se ganó enemigos. Iba a morir porque sus palabras denunciaban el abuso del poder y del imperio. Su proclama del “Reino de los cielos” no podía ser entendida por los poderosos, por los que rechazaban a los débiles, a las prostitutas, a los niños, a las mujeres y enfermos. A todos estos prefirió Jesús.
Lo dejaron morir solo en el Calvario, ni siquiera respetaron su agonía. Llenos de odio, creían hacer algo bueno ante Dios. La soledad la veremos en el Cristo abandonado en la cruz, en la humanidad dolorida y en nuestra propia cruz.
P. Efraín Aldana S.I.
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