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Columna

Padre, Hijo y Espíritu Santo

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Entre católicos es común que al pronunciarse el nombre de las tres divinas personas se acompañe con el signo de la cruz. En ocasiones lo hacemos mecánicamente, sin analizar lo que estamos haciendo; como un talismán para protegernos de los peligros del mundo.
Según las enseñanzas de nuestra Iglesia, el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.  Es lo que constituye el misterio de la Santísima Trinidad. Para satisfacción mía me encuentro que miembros de algunas de las Iglesias Cristianas no católicas, aunque discrepen de nosotros en algunos puntos y prácticas, coinciden en eso de la Santísima Trinidad. Otros, a pesar de que el fundamento de su fe es Jesucristo; sus enseñanzas, milagros y prédicas, no consideran a Jesús como Dios. Es ciertamente el Hijo, el enviado del Padre, el mensajero que trajo la salvación al mundo, pero no es Dios.
Desde luego, si estas cosas de la fe las analizamos ante la luz de la lógica, no les vamos a hallar claridad.  Pero en materia de religión es la fe lo primordial; sin fe no hay religión.
Veamos cómo nos relata el evangelista Juan las palabras de Jesús. “No se inquiete nuestro corazón. Creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos un lugar? Cuando haya ido y os haya preparado el lugar, vendré otra vez para llevaros conmigo, a fin de que donde yo esté, estéis también vosotros. Ya conocéis y lo habéis visto”.
Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre, y nos basta”. Jesús le respondió: “Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿Y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.
¿Cómo dices que os muestre al Padre? ¿No crees tú que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Lo que os digo no lo digo por mi propia cuenta. El padre que permanece en mí realiza sus obras. Creedme que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Y si no, creedlo a causa de las obras mismas. Os aseguro que el que cree en mí, también hará las obras que hago yo, y las hará aún más grandes. Pues yo me voy al Padre”.
Según estas palabras del propio Jesús, la identidad entre el Padre y el Hijo, es evidente.

*Asesor Portuario

kmolina@sprc.com.co

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