Columna

Ablación

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CARLOS GARCÍA DEL RÍO
09 MAY 2013 - 12:00 AM

La ablación es sinónimo de mutilación, en medicina podría asimilarse a la resección de un haz eléctrico, que produce arritmias cardiacas peligrosas para evitar la muerte del paciente. Desgraciadamente también es practicada en los genitales femeninos a una edad temprana y puede matar.
No hay datos claros del origen de esta práctica abominable, parece que pudo iniciarse en Egipto y posteriormente se esparció hacia todo el continente africano. Según la OMS, también se practica en América. La ablación se realiza con el único interés de suprimir el placer femenino, con el pretexto salvaje de evitar la promiscuidad y principalmente asegurar que los hijos de de la pareja sean del esposo.
A pesar  de los esfuerzos por erradicarla, hay 135 millones de mujeres mutiladas. Parece que se da hasta en algunos países europeos, debido a la inmigración de países donde la ablación es aceptada. Lo más trágico es que se hace en jóvenes para evitar que puedan negarse.
Parece que en Colombia algunas minorías  la aceptan. La práctica de la ablación es uno de los ritos que vuelven a traer la frecuente discusión del respeto por la autodeterminación de cada pueblo vs el respeto por la vida humana, un derecho inapelable. No hay duda de que en muchas ocasiones es difícil tomar partido, pues los argumentos de parte y parte son lo suficientemente sólidos. Sin embargo en este caso, no hay argumento que justifique esta barbarie.
Respeto a todas las minorías, pero tengo el mismo respeto por las mayorías. Por circunstancias complejas a veces pensamos que ser mayoría es pertenecer al lado oscuro del ser humano. Esto es tan errado como creer que las minorías se escudan en su condición de tales para conseguir prebendas de la sociedad.
Desde el punto de vista social, la humanidad ha entendido que la multiculturalidad enriquece el tejido social, ya que implica una expansión de los valores de todas las etnias y un reconocimiento a la libertad de mantenerlos. Además, el encuentro cultural permite aceptar la diferencia del otro y entender que cada pueblo tiene el derecho de mantener sus ritos y sus principios. Reconocer las diferencias y aceptarlas debería permitir que mayorías y minorías se acerquen sin violencia, aunque el ser humano siempre defenderá sus ideas y es inevitable que la controversia favorezca a unos y otros.
A pesar de estos avances que la humanidad ha hecho para respetar todas las culturas, la vida de las personas siempre estará por encima de una costumbre ancestral que pueda llevar a la muerte, independientemente de la importancia que tenga para la comunidad que la reclama. En el caso de la ablación está claro que por muy antigua que sea, debe desaparecer.

cargaries@yahoo.es

*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.

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