Columna

Hombre, evolución e Iglesia

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RODOLFO DE LA VEGA
11 MAY 2013 - 12:00 AM

En las Sagradas Escrituras nos enseñan que Dios creó al hombre formando un muñequito de barro al que infundió su aliento, dándole así vida. Nos dice la Biblia: “Génesis 1 – 26/28.  Dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza, que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo. Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: Sean fecundos y multiplíquense.  Llenen la tierra y sométanla. 
Durante el Siglo XIX una serie de pensadores se apartaron de la noticia tradicional de la creación del hombre, buscando una explicación científica en la evolución de las especies. El más distinguido de estos pensadores fue Carlos Roberto Darwin. A su teoría, desarrollada en “Del origen de las especies por medio de la selección natural” (1859), se le llama darwinismo. Los sectores tradicionalistas condenaron las nuevas teorías, en especial la conformación del hombre a través de la evolución. Todavía algunas confesiones permanecen aferradas a la letra del Génesis, y se niegan a cualquier especulación científica acerca de la evolución de las especies.
En la Biblia latinoamericana, con el respaldo de la Iglesia Católica, encontramos apartes como: “Hace millones de años, cuando la tierra estaba aún caliente (…;) los primeros seres vivientes aparecieron en los mares. Eran seres minúsculos y que apenas hubieron aparecido, se multiplicaron y se transformaron (…;) Después de los reptiles aparecieron los mamíferos y, dentro de éstos, los antropomorfos, o sea, animales de forma humana (…;) y estos antropomorfos llevados por las fuerzas creadoras al servicio del plan divino, progresaron en tal forma que su cerebro y su cuerpo ya pudieron ser los de un ser libre e inteligente. Hace unos tres millones de años apareció una raza ya bien parecida al hombre actual: éstos ya sabían tallar las piedras en forma muy rudimentaria. Luego, como un millón de años atrás, el famoso Pitecántropo, había vencido el temor del fuego, propio de los animales, y lo usaba. ¿Era este hombre verdadero, o sea, dotado de razón y libertad? No lo sabemos con certeza (…;) A partir de unos 70.000 años A.C. se multiplicaron signos de una creatividad continua: progreso en las técnicas, preocupación por enterrar a los muertos, comienzos del arte.  ¿Cómo surgió el hombre verdadero, cómo empezó a ser libre, animado por un espíritu a imagen de Dios, y por tanto, inmortal como Él? Nadie puede decirlo”.
Según estas interpretaciones, el hombre como otras especies del reino animal, ha evolucionó. Yo agrego que es evidente que la Iglesia también evolucionó en cuanto al enfoque de la naturaleza humana, vista a través de los avances de la ciencia.

*Asesor Portuario

kmolina@sprc.com.co

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