La unidad y la paz llevan a la integridad, coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, a que cuerpo, mente, corazón y alma, estén al servicio del amor de Dios, de acuerdo a sus mandamientos, haciendo todos los esfuerzos por construir una sociedad más justa para todos.
¿Qué dificulta tanto la unidad y la paz? ¿Se requerirá que todos pensemos y actuemos igual? No. La unidad y la paz se construyen en la diversidad. Todos tenemos distintos dones y talentos y desarrollando cada cual los suyos, poniéndolos al servicio de los demás, las podemos conquistar. Pero necesitamos purificar nuestras conciencias en Jesucristo para discernir entre el bien y el mal. Todo acto contra de la dignidad humana, familia, matrimonio o que perjudique a los demás, imposibilita la verdadera unidad y paz. Lo contrario, todo lo sea conforme al amor, contribuye.
Nos recordaba estos días el Papa Francisco que se necesita seguir a Jesucristo en el evangelio, unirnos a los demás en su Iglesia y asumir la misión de llevar con amor, la esperanza a quienes aún no lo conocen.
Si queremos construir la paz y la unidad en nuestro país, todos tenemos que reconocer que secuestrar, matar, violentar, agredir, reclutar niños y vivir de negocios ilícitos, es malo, va contra de la dignidad humana y de Dios. Mientras quienes los realizan, justifiquen semejantes actuaciones con su pensamiento materialista y con su consigna de que el fin justifica los medios, no habrá cambio, ni paz.
Igualmente, la sociedad, el estado, todos los ciudadanos, tendremos que buscar construir una patria más justa, más incluyente, que propicie más desarrollo y oportunidades para todos, para que actuemos también conforme al amor de Dios.
Con esa transformación de las conciencias de todos, podremos aplicar la justicia, con algún régimen especial que no permita la impunidad, pero que permita, si hay arrepentimiento y cambio, en algún momento, que algunos puedan reincorporarse a la sociedad.
Tendremos que aprender a perdonar y a sanar las heridas que tan dura violencia nos ha causado a todos, dejando que el amor de Dios nos cure, abriendo espacios de participación y sana convivencia entre todos, para que vivamos en paz y unidad.
“Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado”*.Jn 17- 20-26.
*Economista, orientadora familiar y coach personal y empresarial.
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