Nuestro análisis de la ciudad indica que debemos esforzarnos para producir un cambio profundo económico, político y social. El modelo es insostenible y divorcia los diferentes tejidos.
Importantes sectores académicos y empresariales consideran que el desarrollo económico de Cartagena es apropiado en industria y turismo. Pero éste ha ido de la mano con el surgimiento de estratos sociales minoritarios opulentos y sectores mayoritarios para los cuales es casi imposible subsistir. La miseria en Cartagena es inaceptable.
El estamento político en Cartagena no responde a las expectativas populares y a las reivindicaciones esperadas, su liderazgo ha sido incapaz de traducir esas necesidades en políticas públicas para el bienestar.
Hay una grave crisis institucional que desgasta y paraliza, hay falta de confianza e ilegitimidad del gobierno local, ocasionando un profundo déficit democrático.
Es importante una alternativa de entenderla y administrarla, de resolver sus problemas, prioridades, manejar sus finanzas, mejorar el ingreso de la población, la educación pública, proveer vivienda digna, defender el ambiente y la seguridad ciudadana; reorganizar la política, la economía y hacer política al servicio de la sociedad. Este liderazgo debe despertar las conciencias dormidas, producto de políticas mezquinas, ajenas al bien común.
Hay que frenar la codicia de sectores insolidarios. La política no puede seguir siendo un negocio y la administración pública no pueden estar al servicio de intereses malsanos.
Queremos una ciudad en donde se dignifique y se garantice la vida, que la alimentación impida las enfermedades carenciales; con trabajo adecuadamente remunerado, con instituciones de salud orientadas hacia la familia y la comunidad y con educación gratuita para todos, una administración trabajando para el ciudadano, apoyada en las necesidades colectivas, una ciudad que maneje con decoro los dineros públicos. No nos gustan los dineros públicos en bolsillos privados. Que respete a las minorías, inmune al poder de corruptos, donde la política no siga siendo un sucia, donde sus líderes no sean aliados de mafiosos, una sociedad de empresarios solidarios a favor del desarrollo equilibrado y el mejoramiento de la calidad de vida de sus trabajadores, sus familias y la comunidad.
Lo anterior se logra cuando nuestra clase política sea de personas meritorias, con una administración conducida por una élite administrativa igualmente meritoria.
Queremos un liderazgo político arraigado en la ciudadanía, consciente y responsable. Esta es la Cartagena alternativa que te invitamos a construir.
germanviana1@hotmail.com
*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.
