El crecimiento de la oferta hotelera en la zona turística de Bocagrande es deseable por el impacto en el empleo, compras a negocios locales e ingresos para la ciudad. Pero, ¿está el sector preparado para más de 1.000 nuevas habitaciones hoteleras? ¿Qué tan denso puede ser Bocagrande?
Estos interrogantes no solo deben importar a vecinos y empresarios del sector, sino producir una reflexión amplia, ya que la calidad de este entorno urbano compromete la condición e imagen de la ciudad como destino turístico. Y porque también afecta a una actividad económica, el turismo, que genera empleo e ingresos a casi dos tercios de los cartageneros.
Más allá del turismo, la triple tensión que genera la explotación comercial de cada metro cuadrado disponible, la tranquilidad residencial y el aprovechamiento de las playas y zonas verdes es cada vez más evidente. Es la cuenta de cobro que le pasa a Cartagena tener un POT desactualizado, que va contra su desarrollo sostenible.
Si bien la densificación permite aprovechar más el suelo, concentrar actividades, reducir la dependencia del transporte motorizado, la infraestructura vial y las políticas de movilidad deben pensarse en el mismo sentido.
No debemos dejar que el espejismo de modernidad por la multiplicación improvisada de imponentes torres blanquiazules a la orilla del mar nos deslumbre y nos haga olvidar la huella indeseable que crea sobre visitantes y residentes de la zona.
Esto, sumado al pésimo e informal servicio público de transporte, responsable en gran parte del incremento del parque automotor, está colapsando la movilidad de una zona que contribuye como pocas a la imagen turística y a la economía de Cartagena.
Se impone, de otra parte, debatir el uso que se dará a los valiosísimos predios que dejará disponibles el traslado de la Base Naval. Esta es la oportunidad que tiene la ciudad para dar un salto cualitativo en equipamiento e infraestructura para Bocagrande.
¿Qué sentido tendría seguir reproduciendo ese espejismo que desde lejos oculta el imperativo de ampliar la Avenida Primera y las vías del sector, al igual que el espacio público para mejorar el entorno y hacerlo funcional para los residentes de la ciudad?
Los cartageneros podemos transformar el conformismo que nos caracteriza frente a un progreso aparente, vertido en el manido cliché de que Cartagena es "la cara linda de Colombia". Esa misma actitud genera baja autoestima, sucumbe a intereses particulares e incomoda a sus residentes.
No se trata de que ganen pocos y pierdan los demás. Se trata de construir la ciudad digna que merecemos y primen los derechos de los locales.
*Profesor de la Maestría en Desarrollo y Ambiente, UTB
camposjorge86@gmail.com
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