No pude cumplir con la entrega de mi artículo la semana pasada porque estaba asistiendo al congreso bienal de Dermocaribe, que es la asociación que reúne a los dermatólogos de la Costa Caribe colombiana, que ha abierto sus brazos para recibir a los dermatólogos de esa parte del país y de ahí su nombre.Estando en el congreso me encontré con una antiguo profesor centroamericano, Dr Enrique Hernández Pérez, natural de El Salvador, considerado por sus pares como un maestro en la dermatología y sobre todo en la cirugía dermatológica y cosmética y quien ha sido formador de muchos cirujanos cosméticos en el mundo, y hago énfasis en llamarles así, porque no atraviesa los linderos de los colegas que ejercen la cirugía plástica.
De él conseguí una obra completa que contiene los temas selectos de cirugía cosmética, por lo que somos consultados los dermatólogos y que podemos abordar con autoridad por estar dentro del resorte de nuestra especialidad.
En uno de los apartes del libro, el Dr. Enrique Hernández Pérez, haciendo un poco de historia, nos enseña que la cirugía cosmética es tan antigua como la misma humanidad. Nos recuerda que los papiros egipcios describen cómo las mujeres, preocupadas por su apariencia, usaban procedimientos faciales abrasivos y más adelante nos informa que el médico hindú Sushruta 700 años A.C, describió la reparación funcional y cosmética de la nariz amputada como castigo por la infidelidad y así, más por prohibición de la Iglesia en ese tiempo que por convicción, las escuelas medievales no podían enseñar y mucho menos practicar procedimientos quirúrgicos y por eso surgieron los cirujanos de contrabando, llamados cirujanos barberos, itinerantes y así se dividían los cirujanos de la época en cirujanos con educación formal, llamados también caballeros de batas largas y los otros, que no tenían entrenamiento formal, llamados popularmente los caballeros de las batas cortas.
Pero uno de los apartes que me llamó más la atención de su libro es lo que está plasmado en la pagina 348 (el libro contiene 351 páginas) y es cuando se pregunta: ¿Por qué la cosmética? , ¿No es solamente un coqueteo con la vanidad? , el fomentarla, ¿no va más allá de la medicina curativa?, ¿No atenta contra los más puros postulados de quienes nos dedicamos a restituir la salud o a evitar la pérfida de la misma?
De ninguna manera, porquela Organización Mundial de la Salud (OMS) define a la salud “no solamente como la ausencia de enfermedad, sino como un estado de bienestar completo, físico, mental y social” y es aquí donde el concepto se amplía y nos permite ver al individuo como un todo, cuya psiquis y auto estima merecen todo nuestro respeto.
Por lo anterior, podemos afirmar, junto con el Dr. Hernandez-Perez, que cuando se interviene quirúrgicamente a una persona por motivos estéticos es porque su autoestima es la que está sufriendo y por ello solicita y busca nuestros servicios.
Narciso fue un bellísimo efebo de la mitología griega que cuando vio su propia imagen reflejada en un estanque, enamorándose de él mismo, dejó de comer, se sumió en un profundo éxtasis y cayó en las frías aguas donde murió.
Pero, pregunta el autor del libro, ¿Dónde termina la vanidad excesiva o narcisismo patológico y comienza el autorespeto normal? Dentro de ciertos límites todos necesitamos y debemos poseer cierta dosis de vanidad, lo cual contribuye a guiar y conducir nuestras vidas en forma exitosa.
El autorrespeto, la autoestima, el íntimo conocimiento de la forma de nuestro cuerpo, se consideran elementos necesarios en nuestro diario vivir, pero, cuando el narcisismo se exagera yendo más allá de los límites del autorrespeto, comienza la vanidad patológica.
Así las cosas, sin pretender volvernos cirujanos plásticos y mucho menos competir con ellos, no tengamos ningún temor en ayudar a nuestros pacientes mejorando su calidad de vida frente a una imperfección que presenten en la piel y los afecte, si estamos entrenados para hacerlo porque los dermatólogos somos los llamados a ser verdaderos virujanos cosméticos y como hasta ahora lo hemos hecho: sin meternos en los linderos de los cirujanos plásticos reconstructivos.
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