Si el tiempo en realidad es oro, lo voy a invertir hablando de nuestra ciudad frente a la nueva administración. Señor alcalde, permítame expresar algunas breves ideas de quien no votó por usted, pero jamás por su más cercana competidora. Creo que su triunfo deja claros muchos aspectos que usted debe tener en cuenta. Considero que el resultado se debe al fenómeno de retaliación que el pueblo aplicó a quienes ya han tenido ocasión de hacer algo valedero por la ciudad al frente de instituciones públicas y no tienen hoy nada para mostrar.
Tenemos la agria sensación de que nada relevante ha sucedido, diferente al estancamiento y retroceso. De una u otra forma, la mayoría representada en el abstencionismo y el voto otorgado a usted castigó sin misericordia al status quo y al contubernio politiquero. Sin embargo, no se engañe. Muchos se equivocan al culpar a los tradicionales gobernantes del estado decadente de la ciudad. La democracia supone la unión de electores y elegidos, y la que en estas latitudes se ha fraguado es de las más inmundas. Al menos en otras ciudades se vota a conciencia, práctica de la que no podemos hacer alarde. Usted sabe cómo yo que no podemos continuar con el trillado sofisma de que la postración de nuestra ciudad se debe exclusivamente a la gestión de sus gobernantes, pues estos no llegan sin los “inocentes” votos de los electores.
Sin embargo, la acción de algunos coterráneos es un verdadero oprobio, un insulto. En este aspecto muchos cartageneros tiran la piedra y esconden la mano. Ceden “cariñosamente” su voto al mejor postor y luego tienen la cara para reclamar por las “pilatunas” corruptas de los elegidos. Sinvergüenzas, por usar un eufemismo. Acá el voto como herramienta negociable está estratificado. Valga decir, del estrato depende el valor de la dádiva. 20 mil pesos, una o varias OPS, el control de secretarías y/o manejo presupuestal, entre otras. Reconozco que la necesidad, en términos coloquiales, tiene cara de perro. He propuesto muchas veces a los impúdicos recibir la dádiva y votar a conciencia, pues nadie los obliga, a pesar de que en esta ciudad muchos no la tienen.
Descrita mi óptica, le ofrezco ideas para trabajar: el hacinamiento carcelario, un tema que jurídicamente es responsabilidad de las entidades territoriales; la construcción del Plan Maestro de Drenajes Pluviales, pues en Cartagena la llovizna más tenue inunda sus calles; el irregular cobro del Impuesto Predial Unificado, del que la Administración local hace gala, olvidando el fenómeno de la prescripción extintiva, a pesar de los múltiples llamados de la DAF; y el deplorable nivel de inseguridad, entre muchos otros problemas. Parafraseando a Maquiavelo: “A los hombres se les trata por las buenas o se les anula”. Tiene la oportunidad de hacer algo. ¿Se dejará anular?
*Director General del Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación - Universidad San Buenaventura – Cartagena
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