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Columna

Más que concreto y asfalto

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La anacrónica gestión de la movilidad en Cartagena la ha convertido en una seria amenaza para la sostenibilidad, el desarrollo y la competitividad local.
La inexistencia de políticas integrales ha contribuido a duplicar el parque automotor de la ciudad entre 2008 y 2012. Ante este dramático crecimiento se requieren soluciones inmediatas que impliquen más que la terminación de Transcaribe, el día sin moto, y el pico y placa. Es lo mínimo considerar la movilidad como necesidad humana y que la ciudad se planee para facilitar el desplazamiento eficiente y cómodo de sus habitantes.
Considerando lo anterior, cuatro reflexiones deben plantearse para mejorar la movilidad en Cartagena.
La primera parte del hecho que las personas buscan transportarse rápida y cómodamente. Por tanto, si la oferta de transporte público formal no cumple estos requerimientos, el transporte particular y las alternativas informales aparecerán para satisfacer la demanda.
En consecuencia, suavizar el crecimiento del parque automotor y reducir el transporte informal invita atacar su causa: el modelo de negocio del transporte público colectivo, que delega al conductor la responsabilidad de generar sus ingresos y la rentabilidad para el propietario, incentivando lentas velocidades de desplazamiento y costosas consecuencias por la guerra del centavo.
La segunda: considerar que la movilidad no se limita al tráfico automotor. El desplazamiento diario implica por lo menos dos medios de transporte. Por ejemplo, caminar hasta una avenida y luego tomar un bus. Por esto se requiere acelerar la formulación e implementación del Plan Maestro de Movilidad.
Este deberá incluir elementos como espacio público de calidad, adecuada arborización para brindar sombra y estimular el desplazamiento peatonal. También deberá regular y promover medios de transporte no motorizados como la bicicleta, y proponer una nueva institucionalidad que gestione integralmente los medios de transporte locales.
La tercera: desarrollar programas de cultura ciudadana para la apropiación del sistema integrado de transporte masivo y el diseño de una estrategia pedagógica para explicar su funcionamiento.
Por último, procurar un sistema de movilidad incluyente: significa brindar soluciones de transporte para la población social y económicamente excluida, además del acceso a personas con movilidad limitada. ¿Cómo llegarán a sus sitios de trabajo y estudio los futuros habitantes de los proyectos de vivienda de interés social ubicados en la periferia de la ciudad?
La planeación de la movilidad de una ciudad representa la evidencia quizás más elocuente de su cohesión social y modelo de desarrollo. El reto entonces para Cartagena consiste en diseñar un sistema de movilidad a escala humana que considere a la persona, más que al concreto y el asfalto, como su principal preocupación.

*jorgec86@gmail.com
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB o a sus directivos.

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