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Columna

¿Adónde está el modelo?

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Al debatir sobre ese tópico vital de nuestra realidad, los colombianos apenas si columbramos los variados elementos de la definición, orientación y estructuración de un modelo económico y de desarrollo.
Cuanto al respecto se discute, asume mayormente el campo y el sector agrícola como la variable más importante y determinante al enfrentar el reto de darle un norte al aparato productivo nacional.
Y más allá de la falta de un “un modelo de desarrollo para el campo”, por el cual viven clamando y elucubrando expertos, Gobierno, interesados con intereses, federaciones y gremios asociados con el sector agrícola, pareciera que el país no tuviera alternativas distintas de desarrollo, crecimiento y productividad, que la tierra y las vacas.
Es entonces cuando uno oye a cada vocero gremial proclamar la del suyo como la tabla de salvación del país para resolver la desaceleración de la economía, la crisis del empleo, la importación de granos y leche, la enfermedad holandesa, los onerosos TLC, y toda la gama de calamidades que se invocan, reales y ficticias, para derivar del Estado subsidios que compensen la ineficiencia de su modelo productivo.
Y como si un modelo de desarrollo pudiera concebirse fraccionado de la economía, como hacen los ganaderos con sus potreros, ahí tenemos al candidato Lafaurie proclamando el latifundio como el eje sobre el cual deben girar las políticas que impulsen, renueven e inserten el aparato productivo nacional en una economía global competitiva.
No importa que la tierra, término invariable de la ecuación de su modelo, sea despojada o baldío nacional, lo importante es que su extensión mínima sea de 40 mil hectáreas, se adjudique a grandes propietarios y se entregue libre de gravamen, además de favorecerla con subsidios.
Algo parecido a cuanto hoy ocurre, porque no existe un corpus de políticas económicas que estructuren y operen las variables que den con el modelo que encauce el crecimiento y desarrollo de la nación.
Mientras se siga operando el modelo económico del país con la visión miope de hato ganadero, todo para y desde el campo y el sector agrícola, es poco probable que salgamos de los atolladeros que atascan al aparato productivo nacional y lo circunscriben a la ruralidad.
A menos que, cuanto se procure sea una réplica bucólica proteccionista que imperó en buena parte del siglo pasado, cuyo mayor legado fue “un país sin infraestructura vial, porque sin vías se protegía la producción nacional”, según decir acertado de Gonzalo Alberto Pérez.
O, la de determinados sectores regionales con poderoso músculo político para imponer el suyo.
*Poeta
@CristoGarciaTapelversionista@yahoo.es

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