comscore
Columna

La felicidad de la ignorancia

Compartir

El barítono alemán Thomas Quasthoff es un “hijo de la talidomida”. Nacido en 1959, es uno de los mejores intérpretes de Schubert, Bach, Mozart y otros grandes compositores. Nació con focomelia, que significa “miembros de foca”: carece de manos, brazos, piernas y mide 1,43 m. Su rostro de cincuentón risueño contrasta con su aspecto y ademanes de foca.
Hoy todos sabemos que la talidomida está contraindicada en mujeres grávidas, pero desde 1958 hasta 1963 se vendía en Europa para las náuseas y vómitos del embarazo. Esa ignorancia se abrió camino entre la receta del médico y sus consecuencias en el embrión. En 1959 no había cómo ver los fetos en gestación. Ahora hay ecografías durante el embarazo. De haberlas habido en 1959 quizá Quasthoff no hubiera nacido. ¿Hubieran aceptado sus padres que el embarazo siguiera sabiendo que el feto era deforme? Creo que no. Mientras fuera un embrión, quizás estuviera “feliz” en la tranquilidad del útero. Pero nacido, cuando  desaparecieran la inocencia y la ignorancia que lo protegerían 9 meses, afrontaría el horror de conocer su monstruosidad, sufrir la angustia de su presente y vislumbrar su futuro. Entonces Quasthoff quizás hubiera sido abortado. Jamás lo hubiéramos escuchado ni admirado su fortaleza y sensibilidad, y la posteridad no hubiera encontrado en su historia los ejemplos de amor paterno, superación y triunfo a pesar de la adversidad. Una bella historia, sobre todo para quienes podemos contarla sin sufrirla, que somos “normales”: no somos genios, pero no sufrimos su infancia, adolescencia, el rechazo, la frustración de sus aspiraciones, sin hablar del amor, la sexualidad, la amistad, etc. Quasthoff tuvo una vida infeliz. Como efecto colateral, nosotros podemos vivir momentos de felicidad y de admiración cuando lo oímos cantar y conocemos su historia. “Sólo la inocencia y la ignorancia son felices, mas sin saberlo”, dice Pessoa, y luego se pregunta: “¿Qué es ser, sin ser en el saber? Quasthoff logró inventar una inocencia que le permitiera tolerarse sin rencor y elaboró un olvido inteligente de su desgracia.
En Colombia un pueblo inocente e ignorante alienta la gestación de concejales, diputados, senadores, representantes, alcaldes, gobernadores y presidentes, no importa que desde el principio a muchos se les vean las deformidades. Hasta ahora los monstruos no han sido maravillosos, pero eso no preocupa al país más feliz del mundo, porque por eso somos felices: por ignorantes. Un hombre inteligente no puede ser totalmente feliz, sobre todo si tiene información y cultura. Es imposible ser tan cándido.
*Médico y Escritor
mmo@costa.net.co

 

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News