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Motivos de sobra tienen los campesinos para protestar. El modelo de desarrollo adoptado y sostenido durante demasiados gobiernos ignoró al campo, condenando a los que trabajamos en él a ser ciudadanos de segunda.

Aquí hubo una época en que las secretarías departamentales funcionaban; en Turbaco hubo una granja del departamento de Bolívar donde era gratis para los campesinos el servicio de sementales equinos, bovinos, y porcinos de excelente calidad. ¿En qué quedó la Secretaría de Agricultura?
La plaza de ferias Segrera Lourteau está abandonada. Apenas sobrevive por una empresa de subastas que mantiene bien su área. Han sido muchas las amenazas de varios gobernadores por venderla, sin tener en cuenta el daño que acarrearía.
Ni del servicio de energía se han salvado los campesinos. Como son pobres, pagan mal y los cortes son eternos. ¡Que se sancochen!
Los fondos ganaderos se acabaron. Ya no tenemos ni banco. Para el Gobierno es mucho más importante que aportemos dinero vía dos por mil, para salvar de la quiebra a unos cuantos banqueros chupasangre. ¿Por qué no invertir el 4 por mil en el campo? ¿Los campesinos somos menos importantes que unos cuantos banqueros codiciosos?
También hubo una época cuando los cultivadores recibían un precio mínimo a través del IDEMA. Ya no existe y los agricultores venden su producción en desigualdad ante los poderosos industriales y comerciantes. ¡Sálvese quien pueda! Es el capitalismo salvaje en todo su esplendor. En los países desarrollados, contra quienes el Gobierno quiere hacernos competir con sus mal negociados TLC, los campesinos tienen garantías. Ellos sí entienden la “seguridad alimentaria”.
El ICA, otrora importante para el agro, ya casi ni investiga. Los presupuestos son cada vez menores. Allí está gran parte del futuro de nuestras exportaciones. Depende del ICA e INVIMA que acepten nuestros productos en el extranjero. Y tampoco se construyen distritos de riego.
Los distintos gobiernos inventaron cómo quitarse de encima el desarrollo del agro y así nacieron 16 fondos parafiscales con los aportes del campo y entregados a gremios privados. Nadie verifica si esos gremios representan a la base. Nadie se aseguró de que fueran democráticas y transparentes.
En las distintas manifestaciones campesinas se nota el divorcio entre gremios y bases, porque desconocen las necesidades del campesino raso. Unos gremios crearon empresas faraónicas, muchas sin éxito, y olvidaron a quienes se supone deben proteger.

*Ganadero
horaciodelcastillo52@gmail.com

 

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