No sólo los paros derrumbaron en las encuestas a Juan Manuel Santos. El acumulado de desconfianza, centralismo radical, lejanía con los sectores económicos y sociales, y de muy mala gestión, implosionó su favorabilidad.
La gran lección: la imagen no lo es todo y los cientos de millones en publicidad con que compró cubrimiento favorable, en especial pero no solo en Caracol Radio, sirvieron solo para dilapidar los recursos de los colombianos. Si a alguien debería investigar la Contraloría y la Fiscalía es al Rasputín del Gobierno, Juan Meza, que opera como la Gestapo burocrática para amarrar apoyos. Desde el proceso 8.000, este funesto personaje funciona igual. Ahora los resultados se ven.
La reelección de Santos está herida de muerte. Le castigan la deslealtad con las ideas y gestión de su antecesor. Buena lección que deberían aprender los políticos oportunistas. Gobernar al vaivén de las encuestas o de los titulares es arma de doble filo que pasa cuenta de cobro. Los colombianos castigan -otra lección para los políticos-, la falta de ideas, norte y convicciones.
Santos es víctima de su propio invento. Se volvió gavirista para llegar al gabinete; pastranista para ser ministro de Hacienda; y uribista, engañó a casi todos, para llegar a la Presidencia. Nunca tuvo una idea propia. Conspiró y maquinó tanto que al llegar no supo qué hacer. Hoy enfrenta un año dramático de gobernabilidad que nos costará a todos.
¿Qué pasará en elecciones? Como va, el Presidente no pasaría a una segunda vuelta. Y la izquierda, que en la Constitución del 91 tuvo como bandera la doble vuelta, podría ganar, como en Bogotá, pero esa segunda vuelta une a este país conservador.
El país se polarizará entre uribistas y la izquierda. Los primeros tienen un líder carismático como nunca tuvo la Colombia moderna y los segundos pagarán por la pésima gestión de sus copartidarios en la capital. Por primera vez veremos una elección entre la izquierda y la derecha, buena para la democracia, con los primeros cargando otro lastre: la paz con impunidad y los segundos retomando las banderas que transformaron a Colombia.
Hay otras víctimas en el desangre político de Santos. Los medios nacionales deben revisar estos 3 años para no caer en la trampa otra vez. Ojalá jueguen limpio en las elecciones. El Partido Liberal y los expresidentes Samper y Gaviria ven cómo se esfuma su apuesta. Y la U le apostó al caballo equivocado.
¿Y quién ganó? Como siempre, Álvaro Uribe, sus ideas y sus tesis, que Colombia reclama. Si ya hubiera un solo candidato de esta colectividad otras serían las encuestas. Pero tocará esperar hasta marzo. Ojalá no sea demasiado tarde.
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