Dijo Maquiavelo: “Un ciudadano llegado a príncipe por el favor del pueblo ha de tender a conservar su afecto, lo cual es fácil, ya que el pueblo pide únicamente no ser oprimido”. Opresión que Colombia sufre de manos directas de sus gobernantes. Sin embargo, siempre hay quienes se disponen a engañar tan sólo porque existen quienes están dispuestos a ser engañados. Si Colombia padece hoy una grave crisis social, es porque así lo ha consentido. Aquí pasa de todo y no pasa nada.
La noticia pasajera llena efímera los medios, empero no trasciende y la sanción social es ridícula. Cada colombiano tiene sensación de urticaria, pues pueden acontecer muchas cosas, pero la sanción aplicada por todos es ínfima. Basta con mirar cuántos años deben purgar en cárcel quienes han ultrajado sustancialmente el erario; esos mismos que tienen permisos para asistir a compromisos familiares con dineros del propio Estado. Estado víctima y patrocinador.
En términos de derecho nadie puede alegar su propia culpa; empero el Estado justifica su inactividad por el profundo letargo carcelario que en sí mismo es otro delito peor. No me puedo imaginar en cabeza del Gobierno de turno, una política carcelaria seria y responsable que ponga fin a los padecimientos. No me puedo imaginar un proyecto de ley presentado por el Gobierno nacional, que castigue con dureza real el peculado, el prevaricato, y adicionalmente delitos contra el patrimonio económico, a propósito de Interbolsa. No me puedo imaginar que promuevan o premien a jueces que apliquen el precedente judicial vinculante y el principio de favorabilidad en favor de los ciudadanos.
Lo que definitivamente puedo esperar es el atropello a la población civil. Puedo esperar artilugios financieros para aumentar los impuestos, la gasolina, los servicios públicos, mantener el cuatro por mil y más, dizque para inversión social. Me puedo imaginar a un procurador haciendo política para ser reelegido, un presidente tratando desesperadamente de hacer lo propio y en especial a un pueblo con ataque general de shakirismo agudo: ciegos, sordos y mudos. Esta Nación le fascina el garrote y es evidente que los niveles de tolerancia criminal son extremadamente altos.
En el Olimpo imaginario donde habitan quienes han tenido de todo durante tanto tiempo y han compartido tan poco, tienen el convencimiento de que pueden seguir adelante con la villanía, después de todo es consentida.
*Director General del Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación - Universidad San Buenavenura - Cartagena
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