comscore
Compartir

Otro cambio en la cúpula de la Policía. Y en las regionales. Como los ministros en este gobierno, las cúpulas son trompos de poner, generando inestabilidad en una institución que necesita un liderazgo fuerte que reemplace el desgaste y la dañina omnipresencia del General Naranjo durante sus últimos años.Lo sucedido con el general Fabio Alejandro Castañeda en la metropolitana de Cali es un ejemplo de la falta de visión, liderazgo y manejo en esa institución. Castañeda, un general de dos estrellas, pidió la baja en febrero por cansancio. Sintió que cumplió su ciclo. El alcalde y la sociedad le pidieron quedarse a él y al ministro de la Defensa. La razón: es un hombre operativo que aparecía día y noche en retenes y trabajaba 24 horas al día.Los resultados no se dan con la velocidad que el esfuerzo mostraba. Cali tiene cerca del 30 por ciento de la criminalidad nacional y el alcalde, preocupado, planteó con Castañeda un aumento de pie de fuerza. Pidieron mucha más policía judicial, 500 investigadores, más inteligencia y más policía de infancia y adolescencia. Nada llegó. Sí llegó el ministro con el relevo pocos meses después de pedirle quedarse.No hay una política de lucha contra la criminalidad urbana. La policía va por un lado y la Fiscalía por otro. El microtráfico envenena a nuestros jóvenes y la microextorsión se expande en las ciudades. Los fiscales de las Uris y los jueces de garantías no alcanzan. Y la delincuencia, cada vez más envalentonada, le gana terreno al Estado.Las ciudades viven un panorama lamentable en seguridad que requiere liderazgo y creatividad en el orden público. Liderazgo que no hay, pues el Presidente está más preocupado por hablar con los delincuentes que por enfrentar la epidemia.Aquí va mi receta .Primero, pasar la Fiscalía al ejecutivo y fusionar las policías judiciales en un ente que crezca por lo menos al doble y le sirva a la Policía y a la Fiscalía investigar. Segundo, poner un millón de cámaras en el país y que las ciudades paguen la operación. Tercero, acabar con la inimputabilidad de menores en casos de sangre o de delincuencia organizada. Cuarto, focalizar el personal y el esfuerzo durante la próxima década para enfrentar la delincuencia reorganizada en Cali, Medellín y Bogotá. Con incrementos graduales no se logra el gran salto en seguridad. Quinto, recuperar las redes de cooperantes en las ciudades y los lunes de recompensa. Sexto, darle movilidad a la Policía. Y séptimo, hacer microgerencia para medir logros y no delegar el seguimiento en seguridad. El poder y el liderazgo deben centrarse en el Palacio presidencial.Con este gobierno, esa batalla se perdió. Una Fuerza Pública desmoralizada y mensajes contradictorios dieron al traste con lo que se había ganado. Toca esperar casi un año.

fsantosrcn@gmail.com

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News