Columna

¿Cuál posconflicto?

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CRISTO GARCÍA TAPIA
10 OCT 2013 - 12:02 AM

Calculada y con toque de picardía resulta la maña con la cual nos salen ahora publicistas y Gobierno: montar un entramado para hacernos creer que el calamitoso y largo conflicto armado del Estado contra las FARC–EP, y otras guerrillas, ya está finiquitado.

Y es que nada diferente de fin, de acuerdo, de negociación, de finiquito del conflicto, significa posconflicto. Y sobre esta categoría, se diseñó una estrategia publicitaria para meternos a los colombianos la idea de que la horrible noche de la guerra ya pasó.
¡Qué más quisiéramos!

Pero la realidad es otra. Y muy distinta de la que, entre bastidores y premeditadas confusiones semánticas, se encarna y simboliza en una estrategia publicitaria para hacer ver lo que no es.

Pero que sí es: un conflicto que marca el cenit de sus ejecutorias en la confrontación militar con los ejércitos guerrilleros sublevados y la retórica desafiante desde los despachos civiles de la guerra. Y, para confirmar su vigencia e intensidad, desde los periódicos los amigos ventrílocuos del Presidente, proponiéndole “patear el tablero” de la paz.

Apenas “modestamente” conversado en La Habana, el conflicto sigue ahí. Duro y parejo.

Y apagarlo de un soplo para pasar al eufónico posconflicto que ya se lleva y trae por todos los ámbitos y jurisdicciones como el hecho cumplido del fin de la guerra, más parece ficción y falsos silogismos. 

Si es que todo este barullo no viene a ser cosa distinta de otro “falso positivo”.

El suceso es de tiempos y demanda tiempo. Nada de andar pensando con el deseo de los intereses inmediatos y particulares, políticos o electorales, de quienes representan a las partes en unas conversaciones que bien pueden ser el principio del fin. O, la agudización e indefinición del conflicto.

Ambos escenarios son posibles y en ellos hay que observar que conflicto y posconflicto no se circunscriben al ámbito político y militar y a su definición en una negociación extraterritorial con la guerrilla.

Hay interferencias en esa travesía que resultan de cuidado y que es preciso eliminar para avanzar seguros en la dirección de acuerdos que terminen la balacera de medio siglo entre contendientes invencibles.

El principal, el de la seguridad jurídica, política, personal, laboral, de quienes se reintegren, desmovilicen o sean amnistiados, dependiendo de cuanto al respecto se acuerde, refrende, constituya, o decrete el Estado.

Un inamovible cuyo desmonte previo, al igual que el de las “bacrim” a la caza de territorios, vidas, personas, bienes y haciendas, es preciso garantizarle a los bandos contendientes en la confrontación política y armada que se negocia en La Habana.

Que apenas va por los cristos.

*Poeta

@CristoGarciaTap
elversionista@yahoo.es
 

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