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La lucha contra el narcotráfico es compleja. Más cuando enfrenta una institucionalidad débil, corrupta y sin apoyo político, como le sucedió al presidente Felipe Calderón en México. Los costos fueron inmensos, incluso en derechos humanos, pero poco a poco el Estado mexicano recuperaba territorios, institucionalidad, fortalecía la gobernabilidad en regiones capturadas por los narcos y debilitaba a los carteles, amenaza que corroe la estabilidad de este país.

Los narcos respondieron con violencia similar a la que vivimos en Colombia durante las peores épocas del narcoterrorismo. Era de esperarse. Pero con el cambio de gobierno esta política se reversó y unos narcos debilitados recuperaron espacio y de nuevo someten a la población con un mensaje grave: no nos derrotaron.Era imposible lograrlo en 6 años y ahora México está en el peor de los mundos. En regiones enteras los narcos mandan y crean  autodefensas que aparentan defender a las comunidades, pero son defensores del nuevo régimen de ilegalidad con la legitimidad que les da el cambio de política del Gobierno. Montarán y consolidarán sus paraestados, incrementarán su poder y contaminarán otras regiones mexicanas.

La similitud con Colombia es innegable. Las Farc esperaban que cambiara el gobierno para fortalecerse y lo sucedido con el cambio de política de Álvaro Uribe a Juan Manuel Santos es un ejemplo. Los delincuentes esperan gobiernos débiles para florecer y avisar, como los narcos en México, que son inderrotables. Hay muchos sectores de ambas sociedades que acompañan y hacen eco de este funesto mensaje.

Las autoridades mexicanas están en la incertidumbre. No hay, me dicen experimentados periodistas, una política clara para enfrentar la delincuencia organizada. Peor aún, desmantelaron unidades de inteligencia y operativas del gobierno anterior. En muchos estados mexicanos se ordenó a la Fuerza Pública retroceder y la criminalidad aumentó.

Si alguna lección deja lo vivido en Colombia es que esta lucha necesita continuidad, transparencia, micromanejo, institucionalidad fuerte y sobre todo voluntad política. Los ciudadanos acompañan los esfuerzos en seguridad cuando, como en nuestro gobierno, hay resultados.

La delincuencia, narcos o guerrilla, solo escucha una razón: el uso legítimo de la fuerza del Estado. Vaivenes como el de México y también en Colombia solo fortalecen estas organizaciones, que con el dinero de negocios ilícitos tienen una inmensa capacidad de reciclarse y como el ave fénix, revivir de las cenizas. Ya lo vivimos aquí: apaciguar esas organizaciones no funciona. Por eso temo por el futuro de Colombia y también el de ese gran país, México.

fsantosrcn@gmail.com

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