Hace 12 años, desde el Ministerio de Cultura, en el gobierno de Pastrana se promovió el programa “La cultura le declara la paz a Colombia”, y para ese entonces, un grupo de colombianos nos unimos en ese propósito, pensando que décadas de violencia debían llegar a su fin.
Han pasado los años y si bien este programa, fue suspendido por el gobierno siguiente, muchos de los que entonces pregonábamos una paz negociada hoy lo seguimos haciendo convencidos de que el cansancio no existe cuando se lucha por la paz.
Amigo de esta causa, desde esas épocas, fue el señor Daniel Pecaut, filólogo, escritor y docente, autor de diversos libros sobre la situación política y de violencia en el país, francés, pero colombiano por adopción y sentimiento, afirmaba en reciente entrevista que nunca como hoy se había avanzado tanto en los acuerdos y decía también que en este estado de cosas no resultaba prudente ni oportuno congelar el proceso por simple razones de cálculos electorales.
Un gobierno que como el actual se ha comprometido tan a fondo con el proceso de paz y que ha promovido y hecho realidad diversas leyes que le complementan y cuya importancia difícilmente puede cuestionarse, como las de la Reparación de las Victimas y Restitución de Tierras, no debe luchar en solitario y como bien lo señala en señor Pecaut, merece y requiere del apoyo de todo el país.
Ahora, cuando las expectativas apuntan a una clara posibilidad de lograr al final el objetivo buscado de consolidar la paz, es el momento en que los partidos, los grupos políticos, las organizaciones gremiales y sindicales y todos los colombianos en general, nos unamos en un amplio movimiento para evitar que como lo dijera el presidente “el pan se queme en la puerta del horno”.
Se ha dicho en diversas ocasiones que “nada está acordado hasta que todo esté acordado” y es esta una razón fundamental para no dar marcha atrás ni frenar el avance de los diálogos. Lo logrado a la fecha es parte de un camino nunca antes transitado en Colombia y debe ser protegido y velado como un tesoro inapreciable. Cuando un proceso está funcionando es el momento de imprimirle nuevas fuerzas, de revisar los obstáculos presentes y futuros para darles solución a los mismos, de renovar la esperanza y el optimismo y de creer en un mañana más promisorio entendiendo que la consecución de la paz representa salvar vidas, crear condiciones para el progreso, generar confianza y dar al país un ambiente de concordia, logros estos que deben ser propósitos nacionales en torno de los cuales nos congreguemos todos más allá de las banderas políticas o de los intereses particulares, permitiendo, como lo dijera el Dr. Humberto de la Calle, jefe del grupo de negociadores en la Habana por parte del gobierno: UNA PAZ DE TODOS, PARA TODOS Y CON TODOS.
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