Columna

Fábulas

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MARIO MENDOZA OROZCO
21 ENE 2014 - 12:02 AM

Para el reciente Festival de Música de Cartagena sólo tengo palabras de admiración. La orquesta de cámara Orfeo tuvo un desempeño impecable: la Serenata para cuerdas de Tchaikovski, Pulcinella de Stravinski, la Rapsodia Española de Ravel, el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy, Pedro y el Lobo de Prokofiev fueron interpretaciones magníficas: música para cerrar los ojos y escuchar en silencio.

Las hermanas Labeque mostraron virtuosismo y musicalidad en sus diversas representaciones, lo mismo que el soberbio pianista Sergei Babayan, quien me dejó literalmente con la boca abierta con su enorme capacidad técnica en la interpretación de Petruska en un solo piano; la delicada música de Fauré y Ravel interpretadas por Emmanuel Ceysson en el arpa (cada vez le suena mejor) y Laurent Verney en la viola fueron un delicioso aperitivo a la “Noche francesa”, y el Cuarteto Borodin se lució con el Quinteto para piano y cuerdas No. 1 de Shostakovich en compañía de Babayan, y el Cuarteto No. 1 del mismo autor. Su versión del Cuarteto No. 2 para cuerdas de Borodin fue entrañable, en especial el famoso Notturno, una pieza exquisita donde la imitación de la melodía por los diversos instrumentos es un recurso formal que requiere de gran delicadeza interpretativa.

¿Y qué decir de Geza y los virtuosos bohemios? ¡Qué despliegue de virtuosismo tan impresionante! Geza hizo con el violín todo y más de lo que se puede hacer con ese instrumento. Francamente deslumbrante. Me encantaría oírlo tocar algo menos espectacular y más musical, como una sonata o partita para violín solo de Bach: a veces lo más fácil resulta lo más difícil.

No debo referirme a la Cenicienta debido a que me tocó retirarme de la función por motivos personales, pero el primer acto fue suficiente para apreciar la calidad de la Filarmónica Joven de Colombia, el trabajo de su director Alessandrini y la gran calidad de los cantantes. En Colombia tenemos otras orquestas, como la Filarmónica de Bogotá y la Sinfónica de Colombia, que también podrían participar en este Festival cartagenero. Una orquesta de base disminuiría mucho los costos y permitiría traer más solistas y pequeños grupos de cámara.

El programa fue más exigente con el público, lo cual está muy bien. Algunos se quejan de que “no comprenden” la música moderna: son ellos quienes tienen que aprovechar que el programa se conoce con suficiente anticipación para que tengan la oportunidad de familiarizarse con las obras, pues el primer paso para “comprender” (apreciar) la música es escucharla y repetirla.

Por último, debemos agradecer a Julia Salvi y sus colaboradores por este invaluable regalo anual para nuestra ciudad.

mmo@costa.net.co

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