Columna

¿Champeta urbana?

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RUBÉN DARÍO ÁLVAREZ PACHECO
06 FEB 2014 - 12:15 AM

No sé si estaré sordo o acaso ya no entiendo de música, pero de eso llamado “champeta urbana” oigo de todo, menos champeta.

Al menos, esa inventada a finales de los años 80 por Viviano Torres, Melchor Pérez, Louis Towers, Rafael Chávez  y Elio Boom, entre otros, no es la que escucho en ese producto, que no descalifico, dado que me parece aceptable, sobre todo cuando no denigra a la mujer o insiste en alusiones sexuales que bien podrían tomarse como la banda sonora de una película pornográfica.

Pero no veo la necesidad de un nombre redundante.

Pónganle cualquier otro, pero no intenten decir que hasta ahora nos percatamos de que la champeta criolla es urbana, cuando siempre lo ha sido. Desde que nació es urbana, puesto que los picós que la promocionaban estaban en las grandes ciudades del Caribe colombiano. Si hay pruebas de que en algún momento fue rural, me gustaría que me las mostraran, porque las desconozco.

Creo que los productores necesitaban elevar las ventas de su discografía, pero en vez de tonificar la champeta criolla con mejores composiciones, cantantes y arreglos, se les ocurrió suplantarla con una sonoridad que nada tiene que ver con ella.

Y con ese pifeo hubo dos efectos: echar por tierra el esfuerzo de los pioneros para que su música fuera aceptada, escuchada y bailada siquiera en la misma ciudad donde la concibieron; y confundir a los oyentes de otras latitudes, que ya se interesaban por la verdadera champeta criolla. Y ahí está la telenovela “Bazurto” para ratificarlo.

Una de las cosas más imprecisas, entre las expresiones culturales, es tratar de bautizar a la música popular. Por eso siempre creí que la champeta criolla podía darse por bien servida con ese rótulo, puesto que con él se la entendía hija del soukus africano, al que despectivamente bautizamos “champeta”, para ofender a la picoteros y bailadores de los años 70 en Cartagena.

Pero bastó que algún desacertado se inventara la palabra “urbano” para que de inmediato todo se volviera “urbano”. Tal como antes todo era “alternativo”, ahora todo es “urbano”: ropa urbana, cortes urbanos, música urbana, arte urbano, falacias urbanas...

Listo. Que todo sea urbano, pero dejen a la champeta criolla con su nombre. Déjenla que suene como siempre suena. Que se cante como siempre se ha cantado. Que cuente las historias que siempre contó. Esa era su fortaleza, después de superar las rondas infantiles, los dobles sentidos mal hechos y los pésimos estribillos. Ahora estaba haciendo lo suyo. Pero los mismos que decían defenderla terminaron por asesinarla, lo que indica que la champeta criolla  siempre estuvo bailando con el enemigo.

ralvarez@eluniversal.com.co

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