Columna

Resistencia y diversidad

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GINA RUZ ROJAS
07 FEB 2014 - 12:15 AM

Según la UNESCO, la diversidad cultural es tan necesaria para el género humano como la diversidad biológica para los organismos vivos, pues amplía nuestras posibilidades de elección y nos permite acceder a una existencia satisfactoria.

Pero el equilibrio y la riqueza del ecosistema cultural se afectan por las dinámicas del mercado y su tendencia a estandarizar bienes y servicios culturales, empobreciendo la oferta con la pretensión de complacer un “gusto universal” y lograr éxito comercial.

Las culturas locales sobreviven difícilmente en ese mercado mundializado; por ello requieren políticas para su fortalecimiento y valoración.

La diversidad musical del Caribe colombiano es enorme. Sólo en el Viejo Bolívar hay cumbia, cumbión, paseaíto, gaita, paseo, merengue, bullerengue, maestranza, porro, fandango, chandé, tambora, pasebol, guaracha… y la lista sigue. Y aunque es una protagonista de esta diversidad, la música sabanera de acordeón suena poco en los canales comerciales.

Por eso es bienvenido, después de una larga pausa de 12 años, el Festival Sabanero del Acordeón de Sincelejo, que en 18 ediciones (1974-2002, con interrupciones) coronó como reyes a Lisandro Meza, Andrés Landero, Felipe Paternina, Julio de la Ossa, Enrique Díaz, Miguel Durán, Freddy Sierra y William Molina, entre otros.

Rubén Darío Salcedo, acordeonero y gran compositor (Corazón de acero, Ojos indios, La colegiala, Fiesta en Corraleja, Ojos verdes), lideró la iniciativa. El Festival integró la programación de las Fiestas del 20 de enero y, pese a dificultades organizativas, tuvo muy buena acogida del público.

Los concursantes interpretaron porros, cumbias, merengues y paseos sabaneros. El sincelejano William Torres ganó la categoría profesional. Hubo concurso también de canción inédita, piqueria y acordeonista juvenil e infantil. Pero fue notorio que niños y jóvenes –la mayoría con gran destreza en el acordeón-, al interpretar paseos y merengues, no tenían la cadencia ni la sonoridad que caracterizan el estilo sabanero. 

Tal vez esto se debe a la tendencia de las escuelas de formación a entrenarlos para ganar festivales -en su mayoría de música vallenata-, sin profundizar en el conocimiento del folclor y de los diversos estilos de interpretación.

Este y otros festivales sabaneros enfrentan retos: que la diversidad musical se promueva en los repertorios de los concursantes, en los temas y ritmos de las canciones inéditas, en publicaciones, grabaciones, diálogos de saberes, investigaciones.

Frente a la tiranía del mercado musical, los festivales son el espacio de resistencia de la diversidad.
*Investigadora del L+iD, UTB

Twitter @Ginaruzr

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