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Columna

Pobreza: sigue la deuda

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Mientras las miradas de los medios y el interés ciudadano se concentran en estos días en el desenlace de la destitución del alcalde de Bogotá y la búsqueda de un avión en las remotas aguas del Océano Índico, en un segundo plano han quedado los reportes más recientes que revelan los magros avances de Cartagena en la reducción de la pobreza extrema.

La peor de las pobrezas se resiste a ceder, a pesar de los cuantiosos recursos que se han ejecutado mediante estrategias nacionales y locales desarrolladas en el territorio.

¿Qué es lo poco que se registra y parece ignorarse? Según el DANE, el año pasado 5,8% de la población local estaba en situación de pobreza extrema, una proporción casi igual a la de 2012 (5,9%). Hoy se cuentan cerca de 57 mil personas que no tienen el ingreso diario para alimentarse en condiciones dignas. Son 57 mil que pasan hambre, 13 mil más que en 2011.

Estas cuentas del DANE pertenecen al mundo urbano local, y soslayan la crudeza del problema en los corregimientos. Según un informe de la UTB divulgado hace poco por este diario, esta misma pobreza supera el 50% de la población en las zonas rurales.

La situación de Cartagena preocupa más si se compara con el resto del país. Entre 2002 y 2013, en ciudades como Pasto, Ibagué y Bogotá el indicador de pobreza extrema bajó casi el doble que en Cartagena. De otra parte, Valledupar redujo en 53% su indicador de pobreza extrema en los últimos tres años. En Cartagena esa reducción ha sido de tan sólo 6,5%.¿A qué se deben estos resultados? No hay duda de que en Colombia la pobreza extrema ha cedido más donde se logró bajar la desigualdad en el ingreso y expandir el empleo, así sea informal. Quibdó y Valledupar son casos extremos: la capital de Chocó, la más pobre del país, es la más desigual. En la del Cesar, la que avanza con mayor rapidez, fue donde más se redujo la brecha de ingresos.

Cartagena no ha logrado ninguno de estos dos resultados. Esto impide que esfuerzos bien planteados –aunque aplicados intermitentemente, como la Política de Inclusión Productiva– logren mejorar los impactos de estrategias redistributivas.

No es mucho pedir que, en los próximos años, la reducción de la pobreza extrema por debajo del 1% sea la prioridad de la sociedad cartagenera y del gobierno local. Pero este resultado solo será posible si se cambian las condiciones. Y éstas no son tan favorables como hace dos años: la creación de empleo se ha frenado en seco, y la industria y el comercio y afines, los campeones en la generación de puestos de trabajo, hoy generan 15 mil empleos menos que en 2011.La tarea es difícil pero hay que emprenderla, y con urgencia.

*Director del L+iD, UTBaespinosa@unitecnologica.edu.co

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