COLUMNA DEL CONCEJO
Comparto una verdadera riqueza integral del ser humano. Aunque muchos pensamientos filosóficos reflejan al hombre como un ser dualista donde solo se reconoce la existencia del cuerpo y del alma, las sagradas escrituras lo reconocen como un ser tripartito: espíritu, alma y cuerpo (Heb 4,12): “Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón”; 1 TES 5,23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible”.
¿Cómo alimentamos nuestro ser? Del cuerpo dijo el filósofo Hipócrates: “que tu medicina sea tu alimento y tu alimento sea tu medicina”. Los alimentos determinan nuestra salud corporal, pero no todo lo que comemos es de bienestar. Y son necesarios pensamientos positivos, ejercicio, alejarse de vicios y drogas, y tener vínculos familiares y sociales fuertes. ¡Así serás rico en salud!
El alma es la visión horizontal del hombre con el mundo, y es el caminar del hombre con este: se encuentran sentimientos, voluntad, convivencia, conocimiento, emociones, razón, valores, y principios. Es decir, tu educación, tus buenas costumbres y tus decisiones determinarán que te amen o rechacen. Tus modales determinan cómo tratas a los demás, promueves la paz, aplacas la violencia y la intolerancia en tu entorno y con tus acciones contribuyes a una sociedad incluyente y justa. ¡Entonces tu alma será rica!¿El espíritu cómo se alimenta? En el espíritu hay conciencia, discernimiento e intuición. Solo en las sagradas escrituras, la Constitución celestial, encontramos cómo alimentar nuestro espíritu. Debemos estudiarla, aprenderla y obedecerla para comulgar con Dios a través de su palabra. Nuestro crecimiento espiritual viene sostenido y ayudado con la vida sacramental, la caridad y el encuentro personal con Dios en la oración.
Nos conducirá a superar muchos de los problemas por la intolerancia, envidia, rencor, avaricia, dureza de corazón, insensibilidad, resentimiento, injusticia, idolatría, hipocresía, adulterio y el sicariato, entre otras.
La conciencia nos lleva a que cuando una persona es espiritualmente sana, es respetuosa, amable, tolerante, pacífica, justa, misericordiosa, alegre, gozosa, paciente, llena de fe, de esperanza, diligente, proactiva y sirve y ama a su prójimo como a él mismo. Dios creador y proveedor de todas las cosas nos dice: “si tú estás en mí y mis palabras están en ti, pide todo lo que quieras y hecho será” (Juan 15,7).
El fortalecimiento espiritual nos lleva a lograr el equilibrio para hacernos ¡ricos para toda la vida!Un abrazo.
*Concejal del Partido de la Uduviniatorrescohen@gmail.com
