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Cartagena sigue creciendo verticalmente. Hoy asombra la frecuente reutilización de predios con construcciones de, a lo sumo dos plantas, para edificios de gran altura. Si bien esto es deseable por el uso más eficiente del suelo, hay que advertir sobre las consecuencias de la densificación poco planificada.

Primero, en las edificaciones multifamiliares de varios pisos se afectan las relaciones sociales. A diferencia de la vivienda tradicional, ahora se cuenta con espacios limitados. Ver desde la ventana al vecino pasar y a los niños llegar del colegio, o el privilegio de tener patio con árboles frutales, no podrán apreciarse en pisos altos a pesar de beneficios como la sensación de más seguridad y privacidad.

Segundo, la mayor concentración de personas requiere infraestructura adecuada para proveer servicios que necesitan los moradores.

¿Quién puede soslayar lo que ocurre en la agonizante y congestionada Cuarta Avenida de Manga? Esta vía, que soporta el tráfico entre la zona portuaria e industrial y el Centro, ha visto levantar en poco tiempo nuevos proyectos que llegan a superar los 15 pisos. ¿Cómo será la calidad de vida de quienes viven o laboran allí si deben enfrentarse a diario al abultado tráfico de la zona?

Tercero,  ante el alto costo de la vivienda y la tierra, y el voraz apetito de constructores por obtener réditos, gran parte de la nueva oferta de vivienda en altura provee apartamentos con áreas reducidas que limitan el espacio mínimo vital para la familia.

Ante el poco campo para el esparcimiento, el espacio público, donde se genera la identidad y carácter de la ciudad, cobra más importancia como lugar de encuentro y de interacción social y familiar. En el Foro Urbano Mundial en Medellín, el director de ONU-Habitat, Joan Clos, señaló que el éxito de la urbanización y la calidad de vida se manifiestan en el mejoramiento y construcción de espacios públicos. Lamentablemente Cartagena tiene espacio público escaso y de poca calidad. Por ello los centros comerciales suelen suplir esta necesidad.

Las consecuencias señaladas son algunas que deben tratarse en la revisión del POT de Cartagena. La densificación es buena ya que genera una ciudad compacta que reduce la necesidad del transporte motorizado e incentiva el desplazamiento peatonal y en bicicleta.

Las grandes urbes del mundo, como Nueva York y Barcelona, le han apostado a este modelo. Pero se debe considerar en la regulación urbanística local que los cartageneros no queremos vivir en colmenas atestadas, sino en una ciudad amable y sostenible que respete la calidad de vida de sus habitantes.

*Profesor de la Maestría en Desarrollo y Ambiente, UTBcamposjorge86@gmail.com

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