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Hace unos años, como parte de una investigación sobre la inmigración árabe en el Caribe colombiano, llegué al mercado de Bazurto en Cartagena, ese cruce de caminos entre negros, blancos, mulatos, descendientes de árabes y de todos los colores, paraíso del vallenato, la champeta, la salsa y la rica tradición oral del Caribe, un lugar condimentado con olor a pescado y a berrenchín, sitiado no sólo por la delincuencia, la extorsión y la descomposición del país, sino por piratas de neón dispuestos a despojarnos de nuestra herencia: es el caso de algunos galanes y estrellas de la TV colombiana que lo invaden con sus carpas de circo. Bazurto, vigoroso nombre de nuestro mercado público, fue construido en 1978 en reemplazo del antiguo Mercado de Getsemaní, una bellísima edificación de 1904 del arquitecto cartagenero Luis Felipe Jaspe, sobre la Bahía de las Ánimas, que albergaba un festín humano y que servía de tránsito entre el Camellón de los Mártires y el arrabal mulato de Getsemaní y que fue luego demolido para ser reemplazado por el Centro de Convenciones Cartagena de Indias, una aburrida caja de cemento que divide en dos la poética de la ciudad. Ahora, el nombre de Bazurto es atrevida e ignorantemente utilizado como título de la nueva serie de Caracol, otro producto nacional barato que saca ventaja de todo lo que se le atraviesa, con tal de lograr el rating que lo conducirá a su efímera fama, pasándose por la faja a la champeta de San Basilio de Palenque, reconocida por la ONU como patrimonio afrodescendiente, reduciéndola a maromas de circo y a movimientos sexy-chic al tiempo que sus protagonistas gimen caricaturizando babosa y desabridamente nuestra jerga caribe.

Aunque sepamos que la programación de los canales privados de la TV colombiana, desde los noticieros hasta los reality, son un descarado producto comercial, me sorprende esta burda imitación de nuestro imaginario caribe, que desde el país andino, nos desconoce y exotiza. Y si quieren comprobar el poder destructivo y francotirador de esta sociedad del entretenimiento, digiten “Bazurto” en Google y comprobarán que la primera información sobre este hito de nuestra cartageneidad, es “Bazurto, la nueva serie de Caracol TV”.

Cartagena no es sólo la puerta africana de nuestro Caribe. Es un hervidero sonoro donde la algarabía de nuestros ritmos son la herencia vital de un cruce de culturas y una tradición oral picante y sabrosa que se mete en nuestro cuerpo. Porque, como decía mi abuela, “en Cartagena el que no tiene de Inga tiene de Mandinga”. Y mientras que el Bazurto de carne y hueso, el champetúo, agoniza ahogado por la basura y la delincuencia, el otro de plástico y Neón nos prepara para la nueva época que si nos cruzamos de brazos, nos tocará vivir.

*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas

COLUMNA MÓVIL*murielangulo@hotmail.com

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