Columna

¿Gobierno o gobernanza?

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JORGE TIRADO NAVARRO
07 MAY 2014 - 12:02 AM

El término ‘gobierno’ presupone una distinción entre los gobernantes y la ciudadanía, entre quienes deciden y los destinatarios de las medidas. La teoría política identificó un fenómeno creciente denominado ‘gobernanza’: consiste en la erosión de las fronteras entre gobierno y ciudadanía para dar paso a un proceso colectivo de decisiones que vincula a múltiples actores.

Las ONG, los funcionarios, los grupos de interés, las comunidades epistémicas y las redes –virtuales y físicas- participan en las decisiones públicas. No es el problema clásico de la captura del Estado, en el que los interesados inciden en las decisiones para lograr beneficios, sino un fenómeno distinto, en el cual los actores públicos y privados se mezclan y confunden para diseñar una política pública o tomar una decisión estatal.

La gobernanza llegó para quedarse. En un mundo postindustrial y tecnológico, los gobiernos enfrentan problemas complejos cuya solución requiere la participación de expertos especializados y trabajan –casi siempre- en el sector privado. Hoy no existe decisión gubernamental relevante que no haya sido construida con el concurso de un comité de expertos o la asesoría de notables. La nueva estrategia en el caso de Nicaragua y la protección de Santurbán, son medidas que el Presidente tomó con la anuencia de expertos públicos y privados. 

Más aún, las normas técnicas que expiden los Parlamentos suelen ser generales y abstractas, y los gobiernos, para concretarlas y aplicarlas, requieren la  participación de especialistas sin vínculos con la administración ni siguen trámites reglados.

Además, la gobernanza legitima a gobiernos alicaídos, porque si no es posible imponer las medidas en un territorio dado, como lo exige el concepto de soberanía de Bodino, es útil atraer a los destinatarios a la toma de decisiones y se interesen en divulgarlas y cumplirlas. Por eso, se popularizaron iniciativas de gobierno que vinculan a la comunidad, como la elaboración participativa del presupuesto público, la policía por cuadrantes y las campañas de respeto a las normas de tránsito.

Pero la gobernanza plantea problemas. Puede afectar la democracia mayoritaria, pues no gobiernan los elegidos, sino una masa amorfa de asesores de ideologías variopintas que no responden a la ciudadanía. Da demasiado poder a los grupos de interés, y desvincula y segrega al ciudadano lego.

Mediante la gobernanza hay el riesgo de la dictadura de los expertos, que pueden invadir con su recetario lo cotidiano, e irrumpir en el “mundo de la vida” de Habermas, para decirnos -sin rubor- a qué dedicar el tiempo libre.

*Abogado y Filósofo
tiradojorge@hotmail.com
 

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