“La Paz puede ser el trampolín de la economía colombiana”; Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001, en WUF7.
Muchos nos critican a los políticos por no dar algunos los fundamentos racionales de sus decisiones. Cumplo esa exigencia, que como la planteara en El Espectador Mario Bunge, le da a la ciencia una dimensión política como herramienta para mejorar el mundo, haciéndole beber de las investigaciones en lugar de improvisar al calor de las elecciones.
Explicaré por qué este 25 de mayo votaré por Juan Manuel Santos. Pese a los innegables avances en seguridad de la pasada administración, la salida de la guerra que desangra al país es la negociada. Dice el Anuario de Procesos de Paz 2014 de la Escuela de Cultura de Paz, de Barcelona, que 79,4% de los conflictos finalizados en los últimos 30 años acabaron en acuerdos. No es solo esta evidencia empírica, sino las singulares condiciones de la guerra en Colombia, alimentada por el narcotráfico, las que consolidan la negociación. El avance sobre buena parte de la agenda ya se dio y jamás estuvimos tan cerca de su fin.
Sumo las conclusiones Felipe Pinilla De Brigard (El Espectador) en su tesis de Magister, “Impacto del conflicto armado colombiano en la producción agrícola nacional”, quien afirma: “1. Una Colombia en Paz tendría un sector agrícola que crecería más del 5% de lo que hoy día representa en el PIB; 2. El desplazamiento forzado que según datos gubernamentales ha afectado a más o menos el 8,5% de la población encarece la mano de obra y reduce la producción nacional. Tierras abandonadas y mano de obra escaseada causan un impacto negativo del PIB agrícola de cerca de 3,5%; 3. Por culpa del incremento de los costos de producción asociados al pago de extorsiones, mayores costes en el transporte debido a la afectación de la infraestructura por actos terroristas, incrementos en los costos de insumos y semillas porque deben pasar por zonas controladas por grupos irregulares, el campo deja de crecer 3,1%; 4. La violencia provoca cambios de comportamiento que afectan decisiones sobre la tierra que entorpecen la productividad y el consumo; 5. El conflicto también se refleja en el capital humano rural de los municipios en zonas de guerra pues la escolaridad allí es bastante baja; y, 6. Si no hubiera guerra se produciría en 110.000 hectáreas adicionales que generarían 700.000 toneladas más de alimentos anuales que permitirían ir solucionando problemas estructurales”.
Según lo anterior, es racional acabar la guerra, aunque más importantes son los preceptos éticos –también racionales- y dar fin al drama sanguinario, para preferir una opción que le dé al país un fin acordado y pronto al conflicto. La Paz no está lejos e invito a votar por Juan Manuel Santos para presidente.
*Concejal Cambio Radical
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