“Dímelo de nuevo cuando haya estado en el río y haya saciado mi sed. Dímelo de nuevo cuando las víctimas estén cantando y se hayan restaurado las leyes del arrepentimiento. Dímelo de nuevo cuando el día haya sido rescatado y la noche no tenga derecho a comenzar. Dímelo otra vez cuando la suciedad del carnicero se lave en la sangre del cordero. Amén, Amén, Amén, Amén”: LEONARD COHEN
Los colombianos vamos a escoger hoy entre dos candidatos con posturas políticas y éticas enfrentadas: se trata de decidir si entramos en la reconciliación y sanación luego de décadas de horror o si regresamos a la profundización de nuestras heridas. Muchos han dicho que lo único que diferencia a Santos de Zuluaga es la paz: ¡nada más ni nada menos!
De manera oportunista, Zuluaga dice, a raíz de la adhesión de Ramírez, que para él la paz sí es una prioridad y que mantendrá la mesa de La Habana, luego de haberla combatido y saboteado. En un comercial, dice entre otras perlas “(...) la paz es importante pero no es lo único.” Sr. Zuluaga, la paz no sólo es importante sino vital y sí es lo único que nos garantiza vivir en un estado de humanidad y dignidad. Sólo en paz podremos sentarnos a hablar “ya no en medio del zumbido de las balas”, como afirmó alguna vez Rigoberta Menchú... para al menos podernos escuchar.
Durante ocho años Uribe intentó derrotar a la guerrilla y no lo logró. Durante cuatro años Santos, sin interrumpir las acciones militares, ha intentado convencerla de que llegó la hora de los compromisos y de construir entre todos una nueva lógica. ¡Y lo está logrando! Un equipo negociador ejemplar en su seriedad, conduce el proceso y ha avanzado como nunca. Los colombianos, de todas las condiciones y credos políticos, debemos rodear este esfuerzo por construir una nueva sensibilidad y una nueva conciencia.
Tuve el privilegio de participar en una mesa de reflexión con el Presidente y su equipo negociador, con personajes tan disímiles como Antanas Mockus, Rudolf Hommes, Alfredo Molano, José Fernando Isaza, José Antonio Ocampo, León Valencia, entre otros. Todas las tendencias, dejando a un lado sus diferencias y rodeando a este equipo humano, que con tan lúcida norma conduce el proceso. Al concluir el evento asistí a un taller con Sergio Jaramillo, Alto Comisionado para la Paz, donde se debatió el concepto de la paz territorial y los elementos para implementarlo. La ponderación y humanidad del Alto Comisionado me impresionaron y reforzaron mis convicciones acerca de las honestas intenciones de lo que se hace.
Llegó el momento de la sensatez. La paz está como nunca al alcance de la mano. No cometamos el error histórico de permitir que se nos escape esta nueva -¿última?- oportunidad de una Colombia en paz para todos.
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